PRÓLOGO A "EN LAS ALAS SUBYACENTES" POR GIMENA BARBOZA DRI

Modificado el: 25/12/2015 Imprimir PDF

No hace mucho tiempo leí por primera vez estas historias, sin embargo de a momentos, al releerlas, pareciera que llevo toda mi vida haciéndolo y que, al mismo tiempo, cada una de las lecturas es la primera. En mis pasos sobre estos textos pude encontrarme, sin demasiada dificultad, cara a cara y sin temor con la majestuosa artimaña lúdica de la atemporalidad. Y disfruté jugar con ella.

Aquí, el tiempo no importa en lo absoluto, a la vez que parece serlo todo, pues establece una especie de lejanía al ser asimilado y absorbido en su totalidad por la primacía del elemento espacio; uno de los elementos regentes que hilvana y, de a ratos, hasta parece fusionar cada uno de estos relatos sobre cuyos creativísimos suelos, transitan numerosos personajes de misteriosas y transparentes personalidades.

Los lugares son desconocidos (por no atreverme a decir “inexistentes”) y, por lo tanto, resultarían lejanos a cualquier lector que procure pisar sus tierras (me incluyo). Sin embargo, las imágenes que sobre ellos se nos ofrecen, a través de magníficas descripciones, acunan de manera tal nuestros ojos que pareciésemos estar transitando su atemporal espacialidad. Todo dentro de estos espacios es pasado, presente y futuro al mismo tiempo, no parece haber una línea divisoria que los ordene, puesto que no se pretende que en ellos haya historicidad. Algunos, debido a ello, pueden adoptarlos carácteres de antiguas y magníficas leyendas.

Es cierto, también, que las costumbres de los habitantes de cada una de estas  ciudades; como así también, de las “casa–ciudades”, las “mente–ciudades”, y hasta de las “ciudades–cerrojos” que constituyen micro universos espaciales paralelos, parecieran ser tanto añejas como obsoletas; costumbres perdidas en siglos pasados. No obstante, al no estar bañadas con la tinta siempre indeleble del tiempo, logran consolidarse en un punto de abstracción tal, que se dejan leer con una suma naturalidad presente.

Por eso, insisto: hay que animarse a desempolvar los enormes barcos viajeros para comenzar a transitar, como estos aventureros personajes, todos aquellos lugares inhóspitos repletos de llanuras y casas húmedas, de cerrojos abismales y de puertos inútiles; que se abren infinitos en cada página para invitarnos a caminar siempre atentos, en las alas subyacentes.

Gimena Barboza Dri