LA OBRA REBELDE Y EXTRAVAGANTE DE RICARDO ZELARAYÁN - POR MARTÍN PRIETO

Modificado el: 23/02/2016 Imprimir PDF

Ricardo Zelarayán es el autor de una obra editada cuantitativa­mente pequeña —dos libros de poemas: La obsesión del espacio y Roña criolla, y una novela: La piel de caballo— y de una cantidad desconocida de obra inédita tirada o perdida, como señala él mismo, quien, además, ironiza al respecto: “Dicen que mi feroz autocrítica es sólo un pretexto para no publicar o para no escri­bir, y encima me acusan de ‘hacerme el Rulfo’”.

Para Zelarayán la escritura es una comunicación de segundo grado, una transcripción no siempre eficaz de la voz viva que es donde, de hecho, sucede la literatura. Por eso su obra está atra­vesada por una discursividad sobre todo dependiente de la oralidad: “¡¡¡Agárrenme que lo mato!!!..”, es el sugestivo comienzo de La piel de caballo, una frase que, dice Zelarayán, “la escuché” y que es sólo un ejemplo de un modo compositivo que consiste en “tomar” una expresión hablada de un personaje de la calle y se­guirla en una deriva signada por la imprevisión.1

Con frases escuchadas “por ahí” que funcionan, como dice el autor, como un disparador que “te da una angulación”, y en con­tra de todo plan previo, porque cuando lo hay “el texto siempre fracasa”, Zelarayán construyó una obra rebelde y extravagante, prácticamente invisible fuera de un circuito cerrado de escritores y críticos literarios donde es leído con devoción. Desde ese lugar más bien opaco, pero consecuente con los principios trazados en los años setenta cuando, con más de 40 años, publicó su primer li­bro de poemas, Zelarayán comenzó veinte años más tarde, a partir de la década del noventa, a ejercer una notoria influencia sobre los jóvenes escritores argentinos. Eso puede verse, por ejemplo, en la obra de Washington Cucurto, quien no sólo construye un li­bro de poemas alrededor de un persónese llamado Ricardo Zelara­yán {Zelarayán), sino que, además, pone en práctica —de un modo menos turbio, más festivo y más lineal— el procedimiento “joyceano criollo” de Zelarayán, como lo llama Martín Gambarotta, quien en “Soltar la lengua: el habla en la poesía contemporánea argenti­na” encuentra en el viejo Zelarayán la clave de lectura de una nue­va camada de poetas argentinos que empiezan a publicar después del año 2000: Miguel Angel Petrecca, Juan Desiderio, Lucía Bianco, Guillermo Daghero y Fernando Cantamutto.2

NOTAS

1  “Ricardo Zelarayán: No soy escritor”, entrevista de Femando Molle, en poesia.com N° 12, Buenos Aires, junio de 2000.

2   Prieto, Martín, ‘Yo: 28 poetas en primera persona”, en Diario de Poesía N° 54, Buenos Aires-Rosario, invierno de 2000; Gambarotta, Martín, “Soltar la lengua: el habla en la poesía contemporánea argentina”, en En otra parte, N° 4, Buenos Aires, 2005.

 

Tomado de: Cap. 15 de Breve Historia De La Literatura Argentina. Buenos Aires, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara. 2011.