VENTISCA

Modificado el: 22/05/2017 Imprimir PDF

 El de azul, sentado en la punta de la mesa, barajaba las cartas sin apuro mientras hablaba con los demás jugadores. Su mano derecha se movía verticalmente y la otra, quieta, emparejaba las puntas salientes de las cartas. Los naipes se rasguñaban entre sí, marcándose en llagas y organizando la buena o mala suerte. Esa misma baraja que se armaba y desarmaba, no era más que los escombros vencidos de un castillo de papel.

 Una demoledora ventisca, pensé, fue el origen de todos los juegos de naipes.