“ALGO DE TREMENDISMO Y UNA IMPIEDAD JOCOSA” , ACERCA DE LA REEDICIÓN DE ANTICONFERENCIAS

Modificado el: 17/12/2017 Imprimir PDF

por Flavio Lo Presti

 Se rescatan las “Anticonferencias” de Isidoro Blaisten, sobre su infancia, un matrimonio fallido, las neurosis propias y la risible vanidad literaria.

Así como Juan Forn describe en el prólogo a Isidori Blaisten como a un “gato de cinco patas o un olmo que daba peras”, estas anticonferencias demandan la de una especie híbrida e inexitente. Algo, de todos modos, las atraviesa por entero, y es la voz de Blaisten: una voz de una amargura mesurada, que enmascara, detrás de la ironía y la blandura sentimental, distintas formas de abismo.

En casi cada rincón de este libro (rescatado por Tusquets en la colección rara avis, que dirige Forn) Blaisten hace referencia a las maneras de pobreza y miseria en las que vivió desde su infancia, o a las variedades de neurosis o apatía a las que se entregó (las literarias, las existenciales) o al riesgo existencial que significó en su vida el género literario que Anticonferencias glorifica y pone por encima de toda otra forma, la poesía: “Nunca más volví a publicar un libro de poesía. Tuve miedo. Sé que la poesía conduce a la locura, y que un poeta es como un cartero que corre envuelto en llamas, alguien que corre envuelto en fuego con algo en la mano que tiene que entregar”.

Este tremendismo, como dijimos, es aligerado por el sentido del humor de Blaisten, que se ha vuelto proverbial. Las circunstancias de un mal matrimonio, la pobreza infantil, el mal tino en las iniciativas comerciales, la incapacidad para abandonar Buenos Aires, la tortura que la literatura significa en el sistema escolar, la estupidez del sistema literario (el engolamiento de la SADE, las poetisas que escriben un libro en un fin de semana, los reseñistas de suplementos literarios, las revistas de vanguardia con sus manifiestos ilegibles): todo es revisado con una impiedad jocosa, enfrentado siempre contra el horizonte positivo de una forma plena de la escritura. Una forma “sanguínea” que Blaisten reconoce en una lista de autores tan heterogénea (García Márquez, Proust, Joyce, Borges) como sus anticonferencias: “No importan un ardite al entendimiento ni la memoria ni las cosas escritas sin dolor, sin alegría, sin demonios, sin necesidad. Y entonces llegamos aquí a una conclusión: todo lo aburrido es inútil”. Además de su melancolía al borde de la caricatura, Blaisten revela su intensa reflexión sobre las relaciones entre la materia prima vital, la libertad, y la forma en el arte de escribir, en momentos que constituyen la porción más actual de estas cuasi digresiones.

Pero como dijimos, el libro es predominantemente anacrónico, escrito por un dandi que es, a la vez, “un mersón de San Juan y Boedo”. El tono nostálgico remite a un universo sentimental desaparecido, tanto como la severidad de sus juicios. El sistema literario al que buena parte de estos textos híbridos dedican su veneno es una pieza de museo: ya la escuela no obliga a la lectura del Inca Garcilaso, y los monstruos de estupidez literaria que Blaisten ataca con gracia son especies que se extinguieron con el mundo al que pertenecían (el de las vanguardias de principios de siglo veinte, el de la guerra fría y el del sueño sesentista del hombre nuevo), aunque la ponzoña del autor entrerriano los reviva instantáneamente.

 Su anacronismo, sin embargo, tiene aspectos polémicos, fundamentalmente el modo en que aparece la mujer. En un marco social en el que la irritabilidad ante el malentendido es inmediata, la manera en que Blaisten piensa a las mujeres (siempre incuestionablemente amorosa) y la forma en que distribuye los roles de los géneros (especialmente en ese interesante juego que es la entrevista final del libro, un Frankenstein compuesto con varias piezas periodísticas), puede resultar como mínimo controversial: un condimento más para pensar y discutir este rescate que (en sus momentos más apasionados) nos tironea de los pelos recordándonos por qué leemos y por qué escribimos.

 

ISIDORO BLAISTEN

Publicó Sucedió en la lluvia (poemas, 1965), y los libros de cuentos La felicidad (1969), La salvación (1972), El mago (1974), Dublín al Sur (1980), Cerrado por melancolía (1981), Carroza y Reina (1986), Cuando éramos felices (1992) y Al acecho (1995), además de la novela Voces en la noche (2004). Fue fotógrafo de plaza, librero y dio cientos de recordados talleres literarios.

Tomado de: Revista “Ñ” 2/12/17