HORACIO QUIROGA II

Modificado el: 13/11/2018 Imprimir PDF
 
"—Liberación que, es verdad, habrá
consistido en encerrarse fuera de sí.—"
M. Blanchot
 
"—...e intuyo que medias cada cosa
que no miden las leyes: una rosa,
una pobreza, un vástago, un despojo...—"
G. G. Saraví
 
"—Frente a la energía nuclear, la
lámpara de arcilla del poeta
¿bastará para este fin? —Sí, sí de la arcilla
se acuerda el hombre.—"
Saint-John Perse
 
Horacio se levanta, mira los postigos,
los jarros, el kerosén de su lámpara;
saca las cuentas del yerbal, los almacenes,
la desazón, las ediciones, los faltantes,
y alza su pañuelo, su cacharro, los papeles
—olvida el hacha, los jueves, los betunes—
y se va...
 
Cruza el patio, la Santa Rita, los mastines,
los ojos llenos de cunumíes, guasunchos, colibríes;
siente pasar un pacú, las golondrinas bajas,
el unicornio de Confucio,
las sedientas lagartijas de febrero;
percibe el río de castañas y de fresas
donde nadan sin pudor las mariposas;
roza un aguacil, su voz, un espesor de senos,
el horizonte de lluvias,
y pasa un lanchón, una yunta de peones,
un ángel, un vecino,
y no acierta a dar con las palabras...
 
Algo le busca, le apaga, le da hambre,
perdigones, ópalos, lloviznas, cintillos y sirenas
y piensa en Segismundo Bauer afinando violines
entre panes y murciélagos,
en Antonio Ruiz de Montoya deshilvanando
un pasaje de la Kasida de Schanfara,
en Andresito Guacurarí apuntalando un imperio
de lices y de plumas hasta el aura del maíz,
—un despojo de tigres, una cincha, una linterna—
en Francia derramando su guirnalda
de espectros degollados, indulgencias de hormigas,
escombros de su sombra, atalayas, calaveras,
en Alvar Núñez soñando diademas entre arañas
vellocinos mancos, extremeños ciegos
y fundando pueblos entre mosquitos y manzanas,
en Serrano inventando la imprenta
con hilachas de visagras y quebrachos una noche
de salmos, hornacinas y jaguares,
en Lucía de Miranda, la Malinche
y tal vez alguna Juana
despertando en Amsterdam
una, triste y fugaz vigilia trastamara...
 
Y vuelve entonces a la cuchara, la galena,
los ratones, un sacón de Gath & Cháves,
las visitas, el coral, las pomadas, los tazones,
Lautrémont en Puerto Viejo, el olor de su frazada.
Y ve la luna pesada entre un sudor
de nubes y palomas,
un relámpago naciendo entre su frente y el agua
y escucha al rayo tropezar en polvo a sus espaldas,
se encoge de hombros y comprende:
fuimos hechos a Su imagen,
nos parecemos quizás a Su esperanza.