AL RAYO DEL SOL

Modificado el: 07/05/2011 Imprimir PDF

 

 

Las mañanas

Las antenas

Los

añosos eucaliptos

 

Se ve toda la playa desierta y sucia, con la arena clara endurecida y mezclada con gris, como si le hubieran soplado ceniza, las sombrillas de palo, con sus graciosos bonetes de paja cosida y un mechón castaño, suelto, y al voleo. El mangrullo de los bañeros, otros palos grises enterrados sin sentido preciso alrededor, como un palacio vegetal abandonado en una isla. Los otros mástiles son caños en L que sostienen los alógenos, pintados de rojo, y aparecen detrás de la escalera de cemento amarillo municipal.

Un poco más acá, más postes amarillos y bien enfrente, justo donde el río hace la curva, una cancha de fútbol con arcos también de palo, apoyada en uno de ellos la bici roja del pescador.

Domina la cancha una torre de alta tensión, parecida a cualquiera de nosotros, sólo que en versión gigante y duro, con dos bracitos cortos, de robot, parece estar levantando un alambrado para que pasen las chicas sin rajarse el bombachudo.

 

Viene el tren

Se escucha el pito venir de Santa Fe.

Desde el cartódromo un motorcito

le contesta con berridos de ternero.

 

Vine temprano a hacer reportajes a las garzas del bañado, por eso es que estoy parado al final del terraplén, haciendo equilibrio entre las trochas, que es desde donde mejor se ve todo el terreno anegado donde antes hubieron casitas y ahora pájaros que saltan cada dos por tres como si los descorcharan desde un refugio entre las matas.

 

Comienza a chasquear la vía como una víbora y al otro lado del río, cruzando el puente de hierro, ya se distingue la luz del frente de la máquina, así que salto.

 

Decía que vine a hacer reportajes a las garzas blancas y a las vacas locas, ahora que junio campea una mini primavera en este invierno.

 

Ya está viniendo el tren, y mientras dure su pasar no voy a ver las verticales rasas de la cinacina y de las pajas, incluso el ras cortito de esos patos marrones, las puntitas de las alas amarillas y los picos naranjados.

 

El último vagón es una chatarra roja, toda arruinada, como a balazos, donde van dos mozos de blanco que me saludan con las manos en alto.

 

Vuelvo a ver las vacas y los patos, la cinacina y la paja y ese ojo de agua como de mercurio meado.

El bañado.

 

Esta es la viga del presente

 

Por el terraplén viene el viejo ese, loco,

que pelea con el perro

Se sienta en una piedra y empieza

a enterrarse la mano tembleque

con arena.

 

Los arcos de las garzas

son parapentes de gasa

remontando atrás de él.

 

Se incrementan las chapitas

de los píos de los bichos

al traspasar los rieles

grises, de hielo.

 

Y aparecen estos tres, flacos cazadores de fija y honda,

toda la facha arrebatada, zapatillas coloradas, buzos de tela avión,

briznas de pasto imantadas a la fibra de los cuellos polar.

 

–Se comen las garzas.

 

Saltando en los rieles

parecen notas en un pentagrama.

 

–La otra vez, con los perros,

cazamos una banda.

 

 

Rewinnnn

 

Tres perros de esquina

Dos caballos sueltos

Un perro solo, de puerta,

Otros ladradores, invisibles

Castañuelas.

 

                  

                              

     Th!

 

Th th th th!

 

 

Las puntas de las alas amarillas

y el piquito como una cuncua.

 

Un jardín de lotos celestes

a lo largo de la costa.

 

Un pescado muerto, panza arriba

Lo doy vuelta con un palo.

 

Todo el cuerito del lomo

Es atigrado.

 

Una banana en pijama

con las patitas comidas

por donde le va

saliendo el relleno.

 

Una boga también muerta y panza arriba

removida todo el día

por el flujo

del agüita.

 

Pobrecita.

 

Llamas en la arena y todo al ras del agua y de las islas desde que el sol cabeceó el arco del horizonte y empezó a dar de coté. Cabecita de hornalla trepadora, asomada, vertical. Oro del aire veteado de plomo y otros grises, ¿qué se escurre?
Llego aquí sobre las nueve, echo todo un vistazo de 180º y me tiro en el pasto de la barranca que da a la arena de la playa. Veo siluetas que van apareciendo, como puntos de luz robados a la cera de la piel o a las chapas de la indumentaria, cosas que me revelan que aquí ya comenzó la derrotation. La esgrima pelada de los corredores, de los caminantes a conciencia, de los que resoplan y escupen, químicamente removidos sus alvéolos, todo el complicado set aeróbico.