LA TROVA DIGITAL 10.07.2012

Modificado el: 11/07/2012 Imprimir PDF

“LA HISTORIA NO ES LA HISTORIA, ES EL RELATO DE QUIEN LA CUENTA”

Francisco Senegaglia es uno de los escritores más importantes de Entre Ríos. Con el premio Fray Mocho por su última novela, y la “Faja de Honor de la SADE”, se postula en lo máximo del literato del país. 
Senegaglia expone toda la historia de Entre Ríos en sus libros y sobre ella se le indaga. En la siguiente entrevista el escritor nos cuenta de su profesión, sus obras, sus pensamientos, la escritura en la actualidad y su futuro artístico.

Fotografia: Mauro Milanich

-Francisco, si usted tendría que contarnos sobre su última novela ganadora del Premio Fray Mocho 2009, “¿Alguien te espera en algún lugar?”, ¿qué nos contaría de ella?

-Es difícil tomar distancia de lo que uno ha producido. Es una novela fuerte, descarnada, y paradójicamente, llena de vida, así al menos la siento yo. Pero tal vez sólo sean mis propias sensaciones que me juegan una mala pasada, la escribí atravesando tiempo difíciles, y es probable que al escribirla, estuviera yo elaborando mis propias perdidas. Desde el punto de vista de la estructura narrativa, creo que tres grandes ejes constituyen la matriz del relato: La experiencia singular de la revolución llevada adelante por el mundo de la gauchería, su concepción particular de pueblo, y su ideal de patria de iguales. Una revolución destinada a ser el sueño más genuino de una América colonizada y devastada, que se trunca, que se cae, que es traicionada. En toda la novela circula esta tensión de estar muriendo por un gran sueño, que parece finalmente que se muere con sus protagonistas: Artigas, Andrés Guacurari, Pantaleón Sotelo, Matías Abacú, entre otros. Por otro lado, los ojos de Andrés mirando su propia alma, buscando en su propia existencia las fuerzas para comprender lo humano conjuntamente con lo utópico, ojos que están fraguados en las mazmorras de La Lage, ojos que sienten las perdidas, la soledad, que no encuentran ya destino, que no tienen ningún lugar a donde ir, salvo, claro, a la memoria como último baluarte de la identidad. Finalmente, la idea de figura de fondo, que va superponiendo las escenas y a sus protagonistas, con la única intención de hacerla más vivencial, y menos ficcional, pero tal vez no lo haya logrado.

-El premio Fray Mocho es la máxima distinción literaria que otorga el gobierno de Entre Ríos. ¿Qué otro premio a su entender fue el más importante que ha tenido en su carrera?

-El premio Fray Mocho es sin duda muy importante, lo es en si mismo, y lo fue para mí por dos razones sustantivas, era un premio entrerriano, un premio que me entregaba mi propia patria y me reinstalaba en ese patio intimo de la infancia, de mi Rio Uruguay, era una suerte de empezar a volver, yo que finalmente siempre me sentía un exiliado. Y también me dio la posibilidad de sentirme escritor. Yo había recibido por mi primera novela, “Los Artigas” el “Premio Escenarios” al Arte y la Cultura, que entrega el Diario Uno de Paraná, pero como quien dice, por ahí sólo había sido suerte…pero una segunda novela premiada, era confirmar ese deseo de ser escritor, y de ser reconocido como tal. Por cierto, después vino la “Faja de Honor de la de SADE” (Sociedad Argentina de Escritores) que en términos de premio, es el más importante reconocimiento que puede recibir un escritor en este país.

-Usted es psicoanalista y filosofo. ¿Cómo y en qué aspectos cree que ha influido su profesión en su escritura? Si nos quiere contar en detalle algún punto relevante.

-Sí, estoy siempre tratando de surcar la experiencia humana. Temas como el sufrimiento, el tiempo, las perdidas y los sueños pueblan mis textos. Finalmente de eso se trata lo humano, el hombre es el único animal que sufre; porque es el único animal que tiene tiempo. El resto de los animales sólo tienen dolor, pero no tienen pasado, dicho de otro modo sufrimos porque recordamos, y nos aliviamos re-significando esos recuerdos. El hombre que somos responde a una historia a la vez que la protagoniza. Yo indago en mis personajes, que sienten, que piensan, por qué tomaron ésta o aquella decisión, qué pasión o qué dolor los puso en este lugar. Indago sus vivencias, el odio y el amor, el honor y la traición, pero no como fuerzas antagónicas, más bien como dos modos de ser habitando el mismo sujeto. Pero no quiero decir con eso que hago novela psicológica, para nada, mas bien son mis propias interpretaciones, como si mis personajes salieran de mi diván, o más bizarro aún, como si trajera a algunos sujetos de la historia al diván. La ficción permite eso, y entonces yo me permito decir lo que veo, y lo que siento, y compartirlo en un texto.

 

 

-Desde el punto de vista de escritor, ¿cómo ve usted en planos generales la sociedad en relación a la escritura y la tecnología que hoy nos tomó el tiempo? ¿Usted cree que las formas de escrituras respecto a inspiraciones y métodos de obra van a cambiar?

-Las herramientas que atrapan los relatos varían, lo que no varía es la necesidad humana de relatar. En la antigüedad, los relatos se cantaban como en las obras de Homero, la gente no leía, pero escuchaba. Lo mismo en las experiencias del mundo hebreo, recordemos que la Biblia es un relato básicamente oral que después se transformó en texto, hecho en base a los midrashim, que eran conjuntos de relatos que se usaban para enseñar. Tal vez los libros como los conocemos dejen de tener esta forma, y se adapten a la tecnología, pero mientras haya hombres, habrá relatos, habrá ficción y deseo de conocimiento, y habrá que ir a buscarlo en algún lado. Soy optimista en esto, sucede que el futuro siempre aterra, porque no lo conocemos, y en ese sentido, parece que todo pasado fue mejor. Lo cierto es que el tiempo es una ficción, no existe como ya demostraba San Agustín, el pasado no es, porque ya fue, el futuro no es porque todavía no es, y el presente es este instante que dejó de ser. El tiempo por venir, nos subyuga, porque justamente estamos hechos de tiempo, de ahí la necesidad en todas las culturas de paraísos perdidos y tierras prometidas.

-¿Qué entiende usted por Best Sellers, obras independientes, y libros que no llegan a ser vendidos, u obras que no llegan a ser libros? ¿Qué hay detrás de cada cosa?

-Dos cosas se me ocurren, la primera es que hay libros para todos, aquellos más vendidos dependen sin duda de cuestiones económicas y marquetineras, pero que sin duda, tienen la virtud de tratar algo, que muchos desean. Y en ese sentido hay libros más necesarios que otros, pero no creo en eso de lo superficial y lo profundo, fundamentalmente, porque todos somos superficiales y profundos, lo que cambia es el sujeto en situación, hoy quiero entretenerme, mañana quiero reflexionar o conocer. Están también aquellos que escriben y no pueden ser leídos, porque no entran en circulación, porque no pueden publicar, o porque no creen que su trabajo pueda socializarse, y después de muertos descubrimos autores increíbles, llámense Pessoa, o Kafka.

Y por cierto, hay intereses y poder en juego como en todos los escenarios humanos, y eso significa también que se promueve determinada literatura, en función del control social, pero sucede lo mismo con la música, el cine y el arte en general, y en esa dirección, los betseller tienen mucha responsabilidad.

-¿Qué me puede contar del film que usted fue productor, Rompenieblas? Tiene un talante inmediato en relación a la dictadura.

-Rompenieblas fue una experiencia maravillosa. Fue mi primera incursión en el mundo del cine. Con Jose Retik, colega, y con Gustavo Alonso cineasta, nos metimos en el mundo de la salud mental, tratando de abordar la practica en ese periodo, e intentando explorar que había desaparecido con los desaparecidos, entendiendo que la profesión se había vuelto menos social, y mas individualista, y que algo debía explicarlo. Nos llevó cuatro años hacerla, y estoy muy contento con el trabajo terminado, que obtuvo premios y reconocimientos en varios festivales internacionales.

 

“LA MAYORÍA DE LAS CALLES, ESCUELAS, PLAZAS Y MONUMENTOS, LLEVAN NOMBRES DE PORTEÑOS, LA MAYORÍA DE ELLOS, NO TIENEN NADA QUE VER CON ENTRE RÍOS, Y SI TIENEN QUE VER, HA SIDO JUSTAMENTE PARA DESTRUIR LA IDENTIDAD DE LOS HOMBRES Y MUJERES DEL LITORAL”

-Usted ha leído mucho, ¿qué obras inspirativas recomienda para aquellos lectores que quieren volcar su arte en papel?

-Sí, soy un viejo lector solitario, aún hoy es la actividad que mayor placer me trae. Leo desde los ocho años sistemáticamente, un vecino ferroviario apasionado por la historia –Tomás Bordon- compartía sus libros conmigo, eran muy caros cuando yo era chico, y después me tomaba sobre lo que había comprendido mientras tomábamos vino tinto en un vaso en común. Esos encuentros sumados a los relatos de las viejas que escuchaban la radio a Galeno debajo del parral de mi casa de la infancia, Irigoyen entre Echagüe y Cepeda, inscribieron mi placer por la lectura y los relatos. Con la vida adulta llegó la sistematización, pero nunca he dejado de ser el niño que disfrutaba en el patio íntimo de leer y escuchar. Y por cierto, ¡mi gusto por el vino tinto! Es difícil recomendar que leer, mas bien cuando alguien te plantea una necesidad, o una búsqueda, le recomendás en función de eso que busca en particular, por que de otra forma, sería suponer que lo que es bueno para mi, sería bueno para todos. Te puedo decir quién me explotó la cabeza a mí. Willams Faulkner por ejemplo, pero sin duda por que aborda intereses que yo deseo afrontar, mas allá de que es un escritor increíble. Igual, Onetti, Kundera, Fuentes, Maray, Claudel entre tantos. En poesía Juan L. Ortiz, Pizarnik, Pessoa y Rilke. En fin, un catalogo probablemente injusto.

-Con “Los Artigas” su primer obra, “¿Alguien te espera en algún lugar?” y la obra a salir “La puerta” usted se propone realizar tres miradas sobre el concepto de “revolución” en el sur de América Latina. ¿Podría sintetizarnos en forma global la idea “final” de esta trilogía?

-Finalmente ya está desde noviembre en la calle mi novela “Origen y Destino”, que cuando la anuncié se iba a llamar “La Puerta”. Trilogía, en el sentido, que abordan el tema de la Revolución como experiencia, como interpretaciones que hace la comunidad desde sus vivencias. Es decir buscan comprender más que la revolución, los protagonistas, y con ellos la necesidad humana de los sueños y las utopías. Y las tres están tramadas en hechos reales, con lo cual mi ficción es, o intenta ser, la interpretación de la interpretación como posibilidad de indagar en la memoria colectiva. Aquellos sueños, no son distintos a nuestros sueños. Los relatos buscan eso.

 

“NO LE TEMO A LOS IMPERIOS, NO LE TEMO AL DINERO, NO CREO EN NADA, PERO CREO EN EL HOMBRE, EN SU INFINITA CAPACIDAD PARA CREAR E IMAGINAR OTRO DESTINO”

-Usted dijo en algún medio que siempre le interesó la historia y la relación entre psicología y política para poder comprender las subjetividades y analizar las realidades. ¿Cómo ve la realidad política actual respecto a todo esto?

-Un poco en línea con lo que te venía diciendo, la posibilidad de intervenir la historia, es la posibilidad de revisar la memoria, si eso sucede, podemos resignificar nuestra identidad, saber quiénes somos y por qué somos.

Hoy, en ese sentido, vivimos una primavera en la provincia. Hoy se discute desde el gobierno, hasta en las aulas, cuál ha sido nuestra historia, y eso significa comprender que hasta ahora, la historia que nos habían enseñado se escribía desde Buenos Aires. Es mas aún, la mayoría de las calles, escuelas, plazas y monumentos, llevan nombres de porteños, la mayoría de ellos, no tienen nada que ver con Entre Ríos, y si tienen que ver, ha sido justamente para destruir la identidad de los hombres y mujeres del litoral. Pienso en Sarmiento por ejemplo, que es responsable del mayor genocidio entrerriano, pero nadie lo sabe, y hacemos ofrendas florales el día del maestro. Lo importante es que esto ha sido puesto en tela de juicio por el gobierno, y la revisión de la historia se ha vuelto una política de estado. Lo cuál me llena de orgullo y satisfacción que esté pasando en Entre Ríos.

-Según sus palabras, a usted le interesa abordar la historia desde otro lugar, no para recordar, sino para resignificar el presente. ¿Cómo sería esto?

-En un mes sale a la calle mi quinto libro, que lleva por titulo “La Otra Revolución” un ensayo sobre psicología de la historia, allí abordo esta pregunta. Pienso la historia en tres grandes tiempos, el de la interpretación vivencial, segundo la interpretación ideológica, y tercero, la interpretación histórica. Es un esfuerzo por ir más allá de los datos y documentos. Quiero decir, que cuando parte de una comunidad se pregunta por qué está viviendo lo que vive, está haciendo una interpretación vivencial, por ejemplo, cuando los indios hace doscientos años atrás se preguntan por qué dicen los blancos que les robamos si la tierra no tiene dueño, están haciendo una interpretación vivencial, cuando la gauchería inicia la revolución para defender el modo de vida de indios y negros, en contra del modelo iluminista y liberal de la burguesía porteña, están haciendo una interpretación ideológica, y cuando un historiador habla de colonización, es una interpretación histórica, y cuando habla de saqueo y violación de derechos, está haciendo muy otra interpretación. En conclusión, La historia no es la historia, es el relato de quien la cuenta, y de las intenciones políticas, y de intereses, la que concluye un relato. Desmembrando la historia en tres tiempos, podemos saber en qué momento un relato se volvió hegemónico, lo cual no quiere decir verdadero. La historia la escriben los que ganan.

 

Fotografia: Mauro Milanich
-¿Cómo fue naciendo esta trilogía que está por cerrar respecto a su inspiración? ¿Qué lo inspira a usted a la hora de escribir?

-Como dice Pessoa, “escribir no es una ambición mía, es una forma de no estar solo”. Escribo para compartir lo que pienso, para pensar colectivamente, para hurgar en nuestros sueños colectivos, para pensar el pasado, pero sobre todo para seguir soñando juntos otra América, otra sociedad. Mi hija Agustina, me dijo un día, -¿papá por qué escribís tan trágico? No supe bien que responderle…pero pienso que sin desconocer la tragedia humana, los sueños son posibles, y en ellos el hombre muestra su verdadera esencia.

-¿Qué se viene a futuro en su literatura? ¿En qué está trabajando?

-Te decía que está por salir mi ensayo, “La Otra Revolución”, y ya está en la calle un libro de poemas que se llama, “Inscripciones del dolor”. Hoy estoy trabajando en una novela que esta casi terminada, “Palo y a la bolsa”, una suerte de policial platense, pero que tiene por tema de fondo la cuestión del recuerdo y la memoria…parece que se me ha vuelto una obsesión.

-Si pudiera definir la sociedad global hoy, donde los “imperios” se caen, donde las economías son cíclicas, donde la pobreza es más grande y el consumo es desmedido, donde las creencias y religiones van cambiando aún más. ¿Cómo definiría hoy la “crisis” social mundial?

-La sociedad siempre está en crisis. El hombre sufre una enfermedad incurable: el tiempo. A ver, desde hace unos cuanto siglos hegemoniza la cultura, la subjetividad burguesa. Ya el Marx del capital lidiaba con esto, afirmando que el hombre se ha vuelto mercancía, es decir objeto y sujeto del consumo. Ya no tomamos más leche, ahora tomamos lactobacilus, todo se ha vuelto un gran shopping, donde todo se compra , donde todo se vende, sí, hay que lidiar con eso, pero si algo nos ha enseñado ese animal fallido que empezó a caminar por las sabanas africanas hace millones de años, es que nada es para siempre, y que los sueños que nos habitan nunca descansan a pesar de nosotros mismos, seres ambivalentes y contradictorios, que las utopías todavía pulsionan la historia, y que la revolución que nos toca como generación, es la revolución de la conciencia, tal vez la más difícil, pero seguramente las más generosa. No le temo a los imperios, no le temo al dinero, no creo en nada, pero creo en el hombre, en su infinita capacidad para crear e imaginar otro destino.

Por Nicolás Solari

Fotografía: Mauro Milanich