REVISTA BARRILETES N° 6

Modificado el: 06/10/2012 Imprimir PDF


PENSAR LA REALIDAD QUE VIVIMOS EN FUNCIÓN DE LA REALIDAD QUE NOS PRECEDE”

Psicoanalista, estudiante de Teología y Filosofía, ligado a producciones cinematográficas, Francisco es un estudioso de la historia y hacia ella remiten sus dos libros editados: “Los Artigas” y “¿Alguien te espera en algún lugar?” (ganador éste del Premio Fray Mocho en novela). Ambas obras tratan sobre la lenta agonía de la Liga de los Pueblos Libres, teniendo como figuras centrales a dos de sus conductores más célebres: José Gervasio Artigas y Andrés Guacurarí. En la charla exclusiva con este enorme escritor, le preguntamos el por qué de algunos laberintos históricos que todavía nos cuesta entender.

La forma de hablar de Francisco lo dice todo: verborrágica y apasionada, pero con la claridad de alguien que ha meditado mucho sobre lo que posteriormente volcó al papel de sus libros .

B:  ¿“Alguien te espera en algún lugar”? es otra mirada sobre este territorio, en aquella cruenta etapa histórica?

FS:  Sí. Intenta, junto a esta otra novela que va a salir y que integra la trilogía (y se va a llamar La puerta), pensar la revolución desde este lado del mundo. Y hablo de una revolución más visceral que ideológica, es decir la construcción de una necesidad de cambio. Tiene mucho que ver además con la pulsión de las personalidades. En este caso, tomé la mirada de dos compañeros de patío, (de barrio sería hoy) y el protagonista formal sería Andrés Guacurarí junto a Artigas. A Andrés es a quien le debemos que el Litoral no esté anexado al Imperio Portugués de aquel momento, y hoy al Brasil. Un personaje apasionante, dicho desde la distancia histórica; quiero decir un sujeto con una mirada extraordinaria desde su propia identidad.

B:  ¿Era hijo de Artigas, como se dice?

FS:   No. No es sabido tampoco si era hijo de uno de los curas que lo crió. Hay distintas versiones. La adopción de Artigas fue política, porque cuando se instala la idea revolución en América, un poco a la europea digamos porque lo que demandan las colonias americanas es ser incorporadas a la lógica de la Revolución Francesa y la de 1808 de España (que copió a la francesa), la idea le atrae a Buenos Aires, (con ciertos matices), pensando en una América con monarquías institucionales, con lógicas europeas, con burguesía y demás.

B:  ¿Artigas no tenía esa concepción?

FS:  Bueno, él lo piensa desde lo que yo llamo la subjetividad del Río Uruguay. Es un eje vertebrador que se arma a partir de ese río, tomando como lógica desde la ciudad de Santos (fundada en 1545) y Asunción (en 1541), que era el ingreso desde España y Portugal para el ganado cimarrón, y por ese mismo eje se instalan los Jesuítas y fundan 30 pueblos. Es un gran corral constituido por Entre Ríos y la Banda Oriental, y a partir de ahí la verdadera riqueza en ambos márgenes va a ser el ganado, el trabajo del cuero. Con lo cual, se instala allí un tipo de hombre y familia particular que es el negro que escapa de Brasil y Montevideo, los indios guaraníes que bajan después de la expulsión de los jesuítas y los criollos y europeos, que conforman con el paso del tiempo la gauchería. Es la conjunción del negro, del indio y de lo europeo tramitado por lo jesuítico, y que luego constituyó lo que algunos historiadores llaman “La edad del cuero”, porque todo gira en torno a las vacas. Y obviamente no los llevaban a Buenos Aires o Santa Fe o Montevideo, sino que tenían sus propios puertos prohibidos, de allí que se haya originado la palabra contrabando. Y no los llevaban porque si entregaban diez cueros, uno solo les quedaba para ellos. En cambio acá el negocio era igualitario. Y cuando se instala la idea de revolución a la europea, ese mundo del gaucho entra en peligro, (Artigas en 1811 hace lo que yo llamo el Grito de Nogoyá, que es cuando levanta a la gauchería). Algunos gauchos entonces arman lo que se llamó El cuerpo de Blandengues, que los indios no pueden integrar porque no están bautizados ni tienen apellido, entonces Artigas le da el apellido al mejor de sus hombres que es Andrés Guacurarí para que pueda entrar a ese cuerpo.

En realidad ellos, que debieran ser la frontera española hacia adentro, van a ser las fronteras gauchas hacia fuera, por eso después Artigas es considerado un traidor; porque él encabeza la lógica de esa revolución de gauchos. En “Los Artigas” yo juego con esa idea en la construcción de la relación padre e hijo, muestro ese ideario. Y en esta novela conjugo el grupo de amigos de infancia; Pantaleón Sotelo, Blas Uré, Francisco Javier Siti, que compartían los patios de Santo Tomé y Yapeyú, incluso San Martín estuvo allí. Por eso cuando en 1812 le piden que arme un ejército, San Martín dice: “Traigan 200 guaraníes”. Uno de los que viene es Matías Sabacú, uno de los hombres más importantes de San Martín. Y es uno de los que cuida al Protector (por pedido de Andrés) hasta que Artigas cruza al Paraguay.

Entonces muestro a ese grupo de compañeros intentando recuperar la idea de la vieja República Guaranítica. Por eso el artiguismo es considerado por Andrés como una línea directa del ideal social i del guaraní; Artigas es quien le * pone palabras a esa idea ante los blancos, y responde a los ideales comunes de lo que él había visto en esas comunidades.

B:  Y eso que Artigas era de familia patricia.

FS:Claro, y para mí eso constituye la brillantez y lucidez de su pensamiento. Yo siempre digo cuando doy una charla, que aquí (En Entre Ríos y la Banda Oriental) se gestó la revoluciónmás genuina de toda América, más importante que la norteamericana y la bolivariana. ¿Por qué? Porque en realidad hoy estamos discutiendo problemas de etnias que Artigas ya tenía resuelto, porque él era un patricio criado por negros, y ellos fueron  como si fueran sus abuelos los que le transmitieron el mundo afro, el mundo mágico y místico.

Y después vivió cerca de 30 años con los charrúas y con los guaraníes, transformándose en un criollo gaucho, por lo tanto él es la síntesis de nuestra subjetividad. Por eso digo que esta fue primero una revolución social que luego trasunta en política, porque en 1815 Artigas reparte tierras con una lógica absolutamente distinta de como se hace hoy. A los indios les dio territorio, a los criollos parcela porque tienen arraigado el concepto de propiedad privada, a los negros los juntó por familias y quilombos, y está pensando en el contexto porque él es el contexto, él lo resume. Y Andrés aparece en mi novela mostrado como la ley de la Gestalt, o bien decir figura / fondo, y la Liga de los Pueblos Libres como gran telón de fondo donde aparecen estos hombres.

B:  Por momentos hacés una descripción casi cinematográfica.

FS:  Hay algo de eso, y no porque sea consciente. Me lo han dicho. E intenté que en esta novela se vieran mejor los hombres peleando, acá se ve cómo se defendía o se moría en ese contexto. Cómo se soñaba en esa lucha. Quise mostrar que las culturas charrúas y guaraní no estaban dirigidas ni movilizadas desde afuera. Ellos habían materializado un modo de vivir que no estaban dispuestos a perder, de modo que no peleaban por Artigas: peleaban con Artigas. Esa mirada empieza a ser destruida por la otra revolución, porque lo que no se suele decir es que la revolución de Buenos Aires mató a la del Litoral, la podó, la encerró y la cercó hasta que la asfixió. Andresito cae prisionero en 1817 y si bien era gobernador, no tenía título y era indio, por lo tanto va a una mazmorra en Río de Janeiro, y allí mira con tristeza que esa lógica independentista empieza a perderse. Y el título del libro se debe justamente a que si nadie te espera, nos sos nadie, no existís. La existencia está ligada a una idea de que hay alguien en algún lugar para el que representás una memoria y una identidad. El pide ir a Arroyo de la China, porque considera que es el último lugar en el mundo que le queda, aunque finalmente lo matan en una gresca callejera. Yo ficcioné lo que entiendo que le pasaría por la cabeza a ese hombre visceral, violento y lúcido. Alguien que sabe latín, portugués y francés. Que escribía muy bien, que es terrible en la batalla, que se transforma en injusto muchas veces por querer ser justo. Andrés es la contradicción visceral.

B:  ¿Cómo fue que aprendiste tanta historia?

FS:  Tengo deseos desde muy chico de aprender sobre nosotros, de entender qué somos. En la presentación de mi libro leí algunos poemas sobre el Río Uruguay, y es porque deseo entender la historia desde el lugar del río, donde nací. En lo personal tengo una ligazón muy fuerte con el río, y creo que siempre leí historia pegado a la costa, por decirlo de alguna manera. Y siempre fue un placer y una obsesión la búsqueda de la memoria, quizás por eso con el tiempo me transformé en psicoanalista. Urgar las identidades, en definitiva.

B:  ¿Qué te dejó el seminario de esto que sos?

FS:  Una formación que pone en relieve la manera de leer el mundo a través del alma. Eso tiene sus representaciones, y puede tener sus relecturas y apreciaciones. Y después pasar del alma a la conciencia, que a su vez tiene otros mundos de lectura distintos (ni mejores ni peores), porque son formas de pensar la subjetividad. Con lo cual, más allá de mi posición religiosa actual, lo cierto es que todas esas cosas me constituyen. En un momento de mi juventud, la disciplina intelectual me ayudó mucho. Y luego, más allá de lo ficcional y literario, aparece la cuestión política. Y eso termina de enhebrar el hecho de que sea escritor: pensar la realidad que vivimos en función de la realidad que nos precede.

B:  Entonces, la pregunta es: ¿cómo ves el presente? Teniendo en cuenta que existe hoy sin dudas una revisión de las identidades, de los hechos históricos y de las pertenencias.

FS:  Hasta hoy, que tengo 44 años, (no sé después), me siento hegeliano. En ese sentido Hegel decía que siempre se gana más conciencia. Y veo la América de hoy más consciente, más vincular, respecto de quiénes son los enemigos, respecto del uso de otros espacios políticos y sus consecuencias. Estamos ingresando -creo que lo veo y lo escucho-al espacio de lo íntimo. Creo que no es el tomo y voto, vos me das y yo respondo, ya no es así; ahora hay una mayor conciencia. Si se quiere vamos atrasados, pero vamos. La Presidenta lo dijo en un discurso, y más allá de la tendencia política que tengas, me parece rescatable: estamos en un momento de pase, de transición. La Argentina que viene, y la América que viene, está asociada a la generación que hoy tiene entre 25 y 35 años. Lo que vendrá no lo podemos saber, pero si viene con esta prudencia de lo íntimo   porque creo que afuera ya se sabe quiénes son los enemigos   creo que trae un cambio.

B:  ¿No te parece que nos va a llevar mucho tiempo pagar la factura de los 90?

FS:  Sí, seguro, y de antes de los 90 también. La factura de los 90 terminó de rematarse en la destrucción cultural, en la predación y lobotomía que se hizo en ese aspecto. Y esto va más allá de los desaparecidos físicos. Por eso el reto en lo formal es que de nuevo las clases políticas vuelvan a formar cuadros desde la comunidad, gente que piense y produzca con contenido, más allá de lo bueno o malo que sea en lo ideológico; después se verá. Y esto excede las tendencias políticas partidarias: si elevamos el nivel de discurso, vamos a levantar el nivel de participación y de debate, y vamos a protagonizar otra historia.