|
Agua y
vino
De noticias
leídas hoy en el diario surge
una turbia ensoñación, mientras
me entrego al Idilio de
Sigfrido, en la versión de
Pierre Boulez. He leído que el
presidente argentino y el rey de
España cenaron ayer en Cafayate.
Turbiamente, me pregunto qué
vinos habrán servido para
agasajar al hijo de los Borbones,
al noble representante de las
petroleras... Recuerdo algún
vino fastuoso bebido en las
cercanías del Ebro, y me digo
que también en nuestra Argentina
ha de haber vinos que compitan
dignamente con los de la Rioja
española. Siento una tenue
curiosidad por saber a qué
sutilezas estará habituado el
paladar de un rey. (La música,
indeciblemente bella, me
acaricia, me deja saborear la
felicidad de una tarde libre.) Y
por esa singular dialéctica de
la memoria, me vuelve a la mente
esta frase o retazo de frase:
“un poco menos áspera que su
bebida habitual”. Puedo
situarla: procede de aquel
cuento árabe del Agua del
Paraíso.
Un beduino
llamado Ahid había encontrado en
medio del desierto un agua tan
dulce, que quiso llevarla a
Bagdad para que la probara el
Comendador de los Creyentes,
Harún al Rashid. Éste la probó,
e inmediatamente ordenó a un
guardia que premiara al beduino
y que lo sacara de la ciudad,
pero cuidando de que por ningún
motivo viera el poderoso río
Tigris... (La música prosigue su
derrotero intrincado, su
arabesco paradisíaco, en mi
tarde libre, después de esta
semana trajinada: las cuerdas de
ese violín parecen hablar la
lengua que Adán y Eva escucharon
junto al Árbol, el día que se
les abrieron los ojos; y la
flauta que surge allí es para
ese violín como una grácil
compañera.) El relato nada nos
dice de lo que Harún al Rashid,
el califa, sintió al probar el
Agua del Paraíso; también su
paladar estaría habituado a los
vinos más delicados. Pero ¿qué
vino, por exquisito que sea,
puesto en la boca de un rey,
puede compararse en dulzura con
el agua del beduino, agua dulce
en los labios partidos por la
arena, en la lengua que nunca
supo sino de los jugos salobres
del desierto?
Oh Ahid, ¿qué
néctar sobre la tierra pudo
compararse al sabor de tu agua?
|