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El tanque australiano
del que habla Leites en su poema se encuentra dentro del
vivero municipal de la ciudad de Concordia, al costado
del parque San Carlos que a su vez está al costado del
río Uruguay. Marcelo Leites
ha desplazado la mirada de lo natural a lo artificial o
hacia lo construido por el hombre, es decir se ha
corrido desde el río hasta este tanque australiano, que
es invención humana y desde ese objeto el autor parte
para crear un momento numinoso, un espacio donde la
poesía y la vida se juntan y son la misma cosa, una
especie de agujero negro de agua donde vuelven a
encontrarse objetos del pasado como ciertos poetas
emblemáticos y sus símbolos, así como también ciudades
enteras o sirenas. Allí el autor encuentra la
tranquilidad suficiente para poder ver el mundo como por
primera vez y alcanzar una instancia escritural. En esta
poesía sin efectos especiales, alejada de la
hipercotidianeidad del yo, en su tono firme y nítido, en
su manejo delicado de los materiales y las herramientas,
se pueden encontrar las claves para una vida digna y
para la elaboración de una poesía que se opone a la
masificación del género y propone un mínimo esfuerzo
intelectual para abrirse y entregarse a los lectores. A
mí se me ha abierto y brindado la poesía de Leites, y a
cualquier lector que se acerque a este libro digo: al
que preste atención se le revelará un mundo, al que no,
la vida y los textos se les seguirán negando, como
siempre.
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