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A veces con planes de
venta anticipada, otras
compartiendo gastos con
el autor, algunas hasta
solventando la edición
completa de una obra,
los sellos locales, en
su mayoría, apelan a la
imaginación y a una
fuerte sociedad con el
artista para sacar
adelante un libro. Otra
variante para los
escritores es abonar la
tirada completa a una de
las empresas de Buenos
Aires que se dedican a
las ediciones de autor.
“Usted se ha comunicado
con Editorial Dunken”,
dice la voz grabada de
recepción, “por
información para
publicar un libro marque
uno, por corrección y
diseño marque dos, por
ventas marque tres, o
aguarde y será
atendido”, completa. La
habitual música de
espera en línea en este
caso es reemplazada por
una publicidad que
alienta “haga un libro,
no un blog”.
La propuesta es
peligrosa aunque no
arriesgada: Dunken cobra
un buen dinero por
producir ediciones de
autor y de hecho tiene
muchísimos clientes en
todo el país, incluso en
Entre Ríos.
Lo que implicaría un
empujón hacía el colapso
de las imprentas del
mundo sería que todo
aquel que inaugura un
blog resolviera al fin
hacer caso al aviso.
“Como los escribas
continuarán, los pocos
lectores que en el mundo
había van a cambiar de
oficio y se pondrán
también de escribas”,
imaginaba Julio Cortazar
en Fin del mundo del fin
y suponía un escenario
aterrador: .., “los
libros rebasan las
ciudades y entran en los
campos, van aplastando
los trigales y los
campos de girasol,
apenas si la dirección
de vialidad consigue que
las rutas queden
despejadas entre dos
altísimas paredes de
libros. A veces una
pared cede y hay
espantosas catástrofes
automovilísticas. Los
escribas trabajan sin
tregua porque la
humanidad respeta las
vocaciones, y los
impresores llegan ya a
orillas del mar”.
El panorama editorial,
claro está, aún no
amenaza la libre
circulación en rutas ni
acorrala los mares, por
el contrario, si bien se
publica a gran escala y
a diferencia de otros
tiempos en la actualidad
la brecha para alcanzar
el formato libro puede
ser más breve y menos
intrincada, aún con las
facilidades que ofrecen
editoriales como Dunken
o De los Cuatro Vientos,
los costos para acceder
a la obra impresa dejan
en el camino a muchos
aspirantes. Por citar un
ejemplo, en el país, de
2006 a esta parte, el
papel aumentó en el
orden del 70 %.
DIFERENCIAS. Dunken y De
los Cuatro Vientos, dos
empresas de Buenos
Aires, funcionan de la
misma manera: el autor
informa sobre las
características físicas
del libro que pretende y
la cantidad de
ejemplares a publicar.
A cambio le diseñan un
presupuesto, con el
gancho adicional de que
la obra figurará en el
catálogo que ambas
empresas publican
semanalmente en medios
de Buenos Aires. Por
otra parte, ofrecen la
distribución en
distintas provincias, lo
que no siempre implica
la segura exhibición del
material.
A simple vista, los
servicios que presentan
los sellos
independientes que
funcionan en Paraná no
distan demasiado al de
las empresas porteñas
que se dedican a
publicar ediciones de
autor. La diferencia
está en el enfoque, la
sociedad entre las
partes y, sobre todo, en
la finalidad.
Los cuatro
emprendimientos locales,
salvo excepciones,
eligen con quién
trabajar y priorizan que
el material sea
publicado, aún a riesgo
de perder trabajo y
dinero.
La apuesta no aspira a
lograr excedentes, más
bien a salvar los
costos, pero sobre todo
a conseguir que el
trabajo de los artistas
paranaenses o
entrerrianos gane
visibilidad.
Por otra parte, en estos
casos, el autor no
compra los servicios del
editor, sino que ambos
encarnan una sociedad en
la que se barajan
distintas formas de
afrontar los gastos.
DIFICULTADES. Mientras
aspira a montar su
propia imprenta,
Ediciones del Clé ya
está desarrollando la
Distribuidora Editorial
Todo Entre Ríos para
optimizar el servicio de
difusión y exhibición de
sus autores.
De esta manera, Ricardo
Maldonado, mentor y
responsable de la
editorial independiente
más antigua de Paraná,
busca superar una de las
principales dificultades
de los libros con firmas
de escritores locales:
que el material circule
con fluidez y trascienda
las fronteras de la
ciudad e incluso de la
provincia.
Esto, explica Maldonado,
no garantiza mayores
ventas, aunque sí
acrecienta las
posibilidades del libro.
“Como responsable editor
no puedo garantizar el
éxito, el libro se tiene
que sostener sólo, lo
que hay que brindarle es
oportunidades para que
la gente sepa que
existe”, dice y explica
el método de su
distribuidora: “Es un
sistema de venta
directa, de ir al
público, de reunirse en
diferentes ciudades a
promocionar los libros”.
“LAS EMPRESAS TIENEN QUE
AYUDAR”. Desde 2003
Tráfico de Arte trabaja
en impulsar la obra de
escritores y músicos
entrerrianos. Fortunato
Galizzi, encargado del
sello, confiesa que en
general se asocia con
“gente que conozco, que
hay cierta cercanía” y
explica que “acá no
existe un mecenas, uno
como editor puede llegar
a simplificar algunos
pasos, pero el autor se
pone el proyecto al
hombro y yo colaboro en
todo lo que puedo”.
Galizzi advierte que uno
de los límites para la
producción artística
local está en el
contexto: “Hay gente muy
valiosa trabajando y por
ahí no hay público para
todo”.
El otro escollo, señala,
es la falta de apoyo por
parte del empresariado
local. “Más allá de los
entidades de la cultura,
estaría bueno y se
tendrían que propiciar
que las empresas de la
provincia ayuden a
proyectos
independientes”.
EN EL COMIENZO. El sello
editorial de la
Fundación La Hendija no
tiene un año de vida y
ya lanzó dos libros con
muy buena recepción: uno
de investigación y otro
de poesías.
“Es parte del proyecto
de La Hendija, de
encontrar escenarios
donde los grupos y
artistas independiente
puedan sacar adelante su
producción y mostrarla a
sus semejantes”,
sostiene Armando Salzman.
No hay una sola forma de
encarar los proyectos,
por el contrario Salzman
plantea que “tratamos
cada caso de acuerdo a
las posibilidades del
autor y la nuestra,
vemos la forma de
sacarlos adelante, ahora
estamos haciendo una pre
venta de una novela y en
el caso del libro de
poesía, compartimos los
gastos con la autora”.
De todos modos, según
Salzman, “privilegiamos
los lazos de intensidad
y contagio con autores e
entidades locales”, con
el propósito también de
“demostrar que por una
vía no comercial se
puede generar un
producto exitoso, desde
el punto de vista de
sacarlo adelante”.
El plan de La Hendija va
más allá de afianzar el
sello, el desafío es
desarrollar un taller
gráfico para impulsar
las ediciones propias y
tejer una red de
distribución cada vez
más amplia.
Hace poco, en Paraná, el
destacado escritor
entrerriano Orlando Van
Bredam, ganador del
premio Emecé, recordaba
sus inicios, los
esfuerzos para publicar
y los tímidos recorridos
por las librerías para
ver si alguien había
resuelto llevarse uno de
sus ejemplares
escondidos en algún
estante alejado.
Los autores que
comienzan saben de lo
que habla Van Bredam,
pero al menos ahora
tienen quienes escuchen
sus propuestas, lean sus
textos y se asocien en
la aventura de publicar.
“Hay que remarla”
Javier Bendersky y Paola
Calabretta ya publicaron
15 títulos con Ediciones
de la Intemperie. El
inicio fue hace poco más
de tres años y el
impulso “la pasión
nuestra por los libros”,
definen.
“Fue surgiendo la idea,
queríamos que circulen
algunas cosas, a partir
de la producción que
había en la ciudad, que
sea también un estímulo
para que los escritores
se animen”, señala
Bendersky.
Los gastos se afrontan
de distintas maneras,
“por lo general tratamos
de que sea compartido el
costo de los materiales,
también ha habido libros
que pagaron autores y
otros nosotros por
completo, de todas
formas lo más común es
salir empatados”. En
rigor, los últimos tres
libros, todos de poesía,
fueron solventados en
forma exclusiva por el
sello.
“Ahora estamos tratando
de llegar a Rosario y
Buenos Aires con los
libros”, se entusiasma
Bendersky y agrega que
“el mercado en Paraná es
bastante restringido,
hay un gran impulso
cuando el libro sale y
después hay que remarla
mucho para que se siga
moviendo”.
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