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27/08/2011 - REPORTAJE A FRANCISCO SENEGAGLIA

Por  Gonzalo Acosta Tito, para Integración - Sulplemento de Arte Joven del "El Heraldo" - Concordia - Año 0 - N° 2 - 2da quincena de agosto de 2011.

“La vida es extraña, el pasado siempre nos espera en el presente.”

Francisco Antonio Senegaglia nació en Concordia, el 21 de febrero de 1967. Ganador del premio Fray Mocho novela 2009 por su obra ¿Alguien te espera en algún lugar? Es psicoanalista, ensayista en temas de Psicología Política e Historia y productor del film Rompenieblas. Estudió Filosofía, Teología, Psicología y Ciencias Políticas. Ha enseñado Psicología en la Universidad Nacional de La Plata. LosArtigases su primera novela que en 2009, fue ganadora de Premio Escenarios al Arte y la Cultura.

La novela ¿Alguien te espera en algún lugar?, ganadora del Fray Mocho, se sitúa entre los años 1815 y 1821 y plantea diversos marcos narrativos, que tienen en común la experiencia de la revolución como el único destino posible para conservar la identidad. La Revolución de Mayo defiende intereses que no son los intereses de la gauchería, de los indios y de los negros. Los acuerdos de la aristocracia con los reyes se desentienden de la realidad de los hombres del río y sus bandas. La revolución de Artigas, la de Andrés Guacurari, proponen otra lógica y responden a otras necesidades. Es «otra revolución» donde la vida de Andrés Guacurari y sus padres adquieren una coyuntura dramática. Comandante General de las Misiones Occidentales, Gobernador de Misiones y Gobernador interventor de Corrientes, Andrés definirá el destino de su pueblo convirtiéndose en la voz de ese pueblo y hará que esa voz se escuche a fuerza de lanza y sangre.

 

- Francisco usted es nacido en Concordia ¿a qué edad emigró y cuáles fueron sus recorridos y destinos?

Era un niño tal vez, cuando dejé el patio de mi casa, el parral de mis padres, y las arenas de mi barrio. Y creo sin dudas que la infancia es la primera patria, una patria que se pierde para siempre. Tenía doce años cuando entré al seminario. (Quería ser cura) Estaba cerca y estaba lejos, Zorraquin era un universo de azahares, pero también un ancho mar de incertidumbres, y sobre todo de soledad. Ese fue seguramente mi primer exilio, y como todo lo primero el mas convocante, aunque no haya sido mas que el exilio de la infancia visto por el mediodía de mis años.  Después, a los dieciocho años, viaje a Paraná, a continuar los estudios de Filosofía y Teología. Estuve más de tres años. me canse, o creo que me di cuenta que buscaba otras cosas. Así que después de una breve estancia de dos meses en Buenos Aires, decidí finalmente que no iba a ser cura. Volví a Concordia, creo que para encontrarme conmigo, o para poder escuchar lo que diez años de seminario habían hecho de mí. Estuve trabajando en el barrio Constitución, que fue determinante, porque en ese entresijo de ventilados dolores, entendí que debía estudiar Psicología. Y partí, para La Plata. Un nuevo exilio, pero lleno de expectativas. Años duros que guardo con desencontrado afecto. Trabajaba y estudiaba y volvía a Concordia cuando podía. Me las arreglaba como albañil, y sobre todo como pintor, que era el oficio de mi padre. Oficio que me unía a su memoria. Había muerto cuando yo tenía dieciséis años, y esa fue una forma de estar con el más allá del tiempo. La vida es extraña, el pasado siempre nos espera en el presente. Me recibí, y seguí estudiando, me casé, tuve mis hijas, y me seguí quedando. Pero creo que no he dejado de ser una estiva de nostalgias, y que por eso siempre estoy volviendo.

 

- En la obra premiada con el Fray Mocho ¿Alguien te espera en algún lugar?, usted se presenta oportunamente bajo el seudónimo de Cambá Nambí, qué de acuerdo a la tradición es el timbó que simboliza el amor paternal. ¿Por qué elige dicho seudónimo?

Y sin duda el amor perdido, porque Saagúa, entiende que si su hija se va con un hombre, el ha perdido. Y su pérdida se vuelve una búsqueda que solo puede terminar con la muerte. La experiencia humana es buscar. Y buscar constituye la matriz de la vida, sitúa el tiempo, define el pasado y proyecta el futuro. El tiempo es insoportable, por eso todas las culturas definen paraísos perdidos y tierras prometidas. Lo cierto que Saagúa se quedo enraizado a la tierra, se murió escuchando sus pérdidas, y me parece una metáfora maravillosa del discurrir humano. Y el timbó es un árbol que me fascina. Y sin duda, extraño a mi padre, aunque antes de que usted me lo preguntara, no lo había pensado asociado a él. Pero seguramente en ese seudónimo, hay más cosas de mí, de las que puedo comprender.

 

-¿Cuáles son sus influencias y referencias literarias?

Pregunta difícil, responderla te sitúa en la injusticia. Todos somos deudores. Tanto como que ser, es ser el otro, y seguir siendo es dejar de ser el otro. Y los otros son siempre muchos, y son sobretodo en el tiempo. Los autores que leía hace veinte años atrás, hoy no los elijo, pero cuanto me han dejado. Veo algunas marcas en mí, pero seguramente son más las que no veo. Marcas incluso visibles para otros. Pero no me voy a ahorrar la respuesta, tampoco sería justo. En narrativa, leo y releo a William Faulkner. Me subyuga la tensión con que escribe, y el tratamiento descarnado que hace de la existencia. Philippe Claudel, un autor poco conocido, es de mis preferidos. Sandor Marai, y Kundera estan siempre sobre mi escritorio. Los hispanoamericanos, Carlos Fuentes, Onetti, Garcia Marquez sin duda. Y Borges por períodos, una suerte de amor ambivalente. Poesía: Pessoa, y sobretodo Paúl Celan. Y Alejandra Pizarnik que se ha vuelto absolutamente recurrente. Juan L. me acompaño durante años, ayudaba a trabajar la nostalgia. Y últimamente leo a un poeta entrerriano que me gusta mucho: Juan Manuel Alfaro. Seguramente no he sido justo, pero lo he intentado.

 

-Cuéntenos algo de la trama de la novela ganadora ¿Alguien te espera en algún lugar?

La novela se sitúa entre los años 1815-1821. Plantea diversos marcos narrativos, que de una forma u otra se redefinen en cada capitulo. Pero que tienen en común la experiencia de la revolución como único destino posible para conservar la identidad. El protagonista principal es Andrés Guacurari, Comandante General de las Misiones Occidentales, Gobernador de Misiones y Gobernador interventor de Corrientes. Su condición de indio estará siempre interrogando su condición de político y de militar, de ciudadano y de esclavo, de padre y de hijo, de huérfano y de amante. Y lo hará hasta las últimas consecuencias. Es en el marco de esa “revolución”, donde la vida de Andrés Guacurari, y la de sus pares alcanzará una coyuntura dramática. La tragedia de los hombres y la de los pueblos es siempre la que se libra en el alma humana, incluso en la soledad y el exilio. La identidad y el sentido de la pertenencia son recuperados en la experiencia de la revolución, pero es la revolución quien pone en peligro la propia identidad. Esta es la paradoja que deberá resolver Andrés Guacurarí. Los hombres mueren, pero los sueños no. Y estamos condenado indefectiblemente a soñar como única condición para gobernar el futuro. Tal vez, es este,  el sentido del relato (“¿Alguien te espera en algún lugar?”) que busca a los protagonistas del pasado, para comprender el sentido del presente.

 

-En nuestra cultura el “sentido común” entiende que el saber y la inteligencia se ubican del lado de la respuesta y no de la pregunta, hay un refrán que dice qué “la pregunta bien preguntada contiene su propia respuesta”. ¿Por qué eligió la interrogación para su título y qué lugar ocupa la posibilidad de la pregunta en su vida?

Creo que las preguntas son más importantes que las respuestas, sobretodo cuando las preguntas están enmarcadas en el sentido de la existencia. Quiero decir, en las condiciones por las cuales devenimos sujetos, a saber, la contingencia del nacimiento y el sentido de ser necesario para alguien, la conciencia de la finitud de la vida, la imposibilidad de retener los objetos a los que estamos ligados, o dicho de otra forma, la naturalidad de las perdidas. Sobre estos tópicos, se juega la existencia. Las respuestas, son variables, y cambian a lo largo de la vida de un hombre, y a lo largo de la vida de las culturas y las sociedades. Es decir, las preguntas vitales son siempre las mismas, las respuestas la resuelve la historia particular de un sujeto. A veces esas respuestas condicen con las de la comunidad, o son las mismas, a veces no. ¿Quien es Andrés Guacurari? Finalmente si alguien lo espera o no, podrá dar una respuesta desde el sentido que ha tenido o no su historia. Algún lugar, no es cualquier lugar cuando se ha perdido el punto de apoyo en el mundo, cuando no se tiene justamente un lugar, o cuando definitivamente se ha perdido ese lugar. Y por cierto, preguntar nos permite más que saber, vivir, aunque a vivir no se aprenda nunca.