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14/11/2016 - ENTRE EL DIBUJO Y LA PALABRA, ENTREVISTA A FERNANDO MÁRQUEZ | AIM DIGITAL |

Entre el dibujo y la palabra

Fernando Márquez, artista visual y escritor, habló con AIM sobre los inicios de su producción hasta arribar al libro que presenta en la actualidad. Por Valentina Bolcatto[*], para AIM

Entre el dibujo y la palabra.

Entre el dibujo y la palabra.

¿De qué manera traducir lo imaginado o percibido? ¿Cómo manifestar aquello que circula imperceptiblemente por el cuerpo, que se presenta a modo de rizoma y se convierte en código: acción, sonido, palabra o imagen, muchas veces indescifrable? Códigos fundados en líneas que se enlazan, desde lo abstracto o la imitación de lo vivenciado, en búsqueda de sentido. Líneas que permiten exponer aquello que queda por fuera de las posibilidades corporales o de la lengua, el sonido y la intuición. Es que la necesidad de mostrar al otro, a uno mismo, lo que pensamos o sentimos no se acota en un lenguaje y el movimiento desde un lugar al otro se vuelve una necesidad. Para Fernando Márquez, profesor de lengua y literatura, por ejemplo, la escritura es el tema que aborda en sus dibujos.

Fernando nació en Rosario, donde estudió tres años Filosofía, y en el 2009 comenzó la carrera de Letras en Concordia, ciudad donde reside en la actualidad. Si bien al comienzo, comentó a esta Agencia, escribía de manera más informal, la obtención de una beca del Fondo Nacional de las Artes para tomar clases con Irene Gruss lo comprometió más con la escritura. Su dedicación al dibujo vino después y, con una nueva beca, la oportunidad de asistir al taller dictado por Silvia Gurfein hizo que se abocara con más fuerza a su producción.

Aunque uno y otro modo se expresan diferentes, para Fernando son procesos que se complementan, como vías de autoconocimiento que le permiten aumentar su consciencia, saber más sobre quién es y qué es lo que quiere. “Para mí el dibujo es una forma o un género literario. También podría ser al revés: la literatura podría ser un género de las artes visuales, pero para mí son casi semejantes aunque no es lo mismo. Lo que yo dibujo es algo mucho más inconsciente. Sin embargo, cuando escribo con la lengua hay algo mucho más mental, entre dionisíaco y apolíneo, lo que hablaba Nietzche”, explicó.

De todos modos, su acercamiento a las artes no procede de las letras. Las ilustraciones enciclopédicas, habitantes de su biblioteca, o el programa Caloi en su tinta, transmitido por el ATC de los noventa, fueron disparadores complejos, por momentos incomprensibles, que lograron su admiración. La literatura fue posterior, manifestó el artista. Primero se encontró con un libro de Jorge Luis Borges: “Venía curioseando, ¿Quién es este Borges del que todo el mundo habla? Me acuerdo que di con un libro, El Aleph, con el que hice todo un ritual: me lo compré, llegué a mi casa y cuando leí La casa de Asterión -que termina con esa frase: ¿Lo creerás, Ariadna? El minotauro apenas se defendió-, se me voló la cabeza. Ahí empezó todo”.

Tiempo después, a sus 18 años, salió un informe especial de Nueva poesía argentina en la Revista Ñ donde se mencionaba a poetas como: Fabían Casas, Daniel Duránd y Sergio Raimondi. El impacto de sus trabajos lo estimuló a escribir. Obras que luego compartió en encuentros de lecturas; en El hilo dorado (Vallejo & Co, 2015), una antología de poesías contemporáneas; y en su libro publicado recientemente, Montmo (Parientes, 2016).

El tema del libro es la enfermedad, comentó a AIM. “Lo que hice fue una especie de collage o de assemblage. Me salí un poco de los géneros ya que lo que me estaba pasando o lo que quería expresar sobre ese tema me salía de modos diferentes. Por eso, de alguna manera, el libro lo entiendo como un engendro de géneros: tiene poesía, una parte de narrativa y una de diálogos. Por eso lo concebí como un monstruo, como un bicho, al igual que la enfermedad. La enfermedad es un bicho. De alguna manera hay una equivalencia formal del libro, de cómo está conformado y también del tema”.

Montmo se pudo haber llamado La enfermedad pero, para Fernando, resulta demasiado literal.

Montmo se pudo haber llamado La enfermedad pero, para Fernando, resulta demasiado literal.

Montmo se pudo haber llamado La enfermedad pero, para Fernando, resulta demasiado literal. Hace poco tiempo descubrió el trabajo de una pintora abstracta, Mariana Vidal, que lo sedujo por el modo en que titula a sus cuadros: Romina o Pablo. “Me parece que el nombre propio tiene, además de la personalidad, cierto misterio, tiene sombra. Además, muchas grandes obras literarias tienen nombres propios: Don Quijote, Hamlet, Ulises, Martín Fierro”, reflexionó.

Investigar, leer y escribir el libro le llevó dos años. En la antigüedad occidental se tenían una concepción diferente de la enfermedad a la que se tiene hoy. “Lo mismo en oriente donde no consideran la enfermedad como un enemigo sino como un maestro. Un maestro que no enseña pero si del que se puede aprender. Es un visitante que viene y se te instala en tu cuerpo y, generalmente, trae un enigma donde lo que se pone en juego es la sabiduría de uno. Es una cuestión filosófica, no una cuestión de salud. En todo caso la salud es una consecuencia”, explicó.

Si bien los dibujos de este artista están fuertemente vinculados a su producción literaria, para esta ocasión propuso el arte de Agustina Sanz ya que considera que compatibiliza con el espíritu del libro desde un lenguaje seco y abstracto; un dibujo con cierta extrañeza y que para él resulta, de alguna manera, algo incomprensible.

Montmo de Fernando Márquez, junto a Siesta de Raquel Minetti, Revervisibles de Laura Bebech y Una línea infinita de Victoria Ruíz Díaz, son los nuevos títulos publicados por Parientes con el apoyo del Fondo Económico de Incentivo a la Cultura  (Feicac) que se pueden conseguir a través de la página de facebook: Parientes – editora.

[*] Valentina Bolcatto, Licenciada en Artes Visuales.

Tomado de: http://www.aimdigital.com.ar