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07/07/2018 - DESTACAN BIOGRAFÍA DE AUTORA ENTRERRIANA

En una nota para el Buenos Aires Time (http://www.batimes.com.ar), el periodista Andrew Graham-Yooll, destacó la biografía que hizo la autora entrerriana Daniela Churruarín de María Esther de Miguel (ver aquí). Presentamos la traducción, realizada por Felipe Belottini.

La vida de una autora local en una buena biografía

Con una cuenta de 18 libros, historias cortas, novelas, buenas novelas históricas y memorias que llevaron numerosos premios, la difunta autora argentina María Esther de Miguel merece ser mejor conocida.

La biografía como un género literario es uno en el que los británicos son de primera. Es algo en lo que son superlativos. Tal vez los escritores de vidas de EEUU también se destacan (de hecho estoy seguro que es así dado el número de buenas biografías procedentes de Norteamérica). Pero por razones poco claras, los británicos han hecho a la biografía su punto fuerte. Es incierto si han de ser equiparados con cualquier otro.

Perdonen la digresión, pero apunta a enfatizar que hacer una buena biografía no es un trabajo fácil. Esto es dicho como una introducción a una buena biografía local de la difunta autora argentina María Esther de Miguel, la cual nació en el pueblo de Larroque, Entre Ríos. Aquí la escritora comenzó la vida en noviembre de 1925 y murió de un cáncer recurrente en Buenos Aires en julio de 2003.

El elogio a esta “vida” escrita por la maestra, escritora y directora de biblioteca de Entre Ríos Daniela Churruarín, es justificado. Mucha investigación y escritura ha sido dedicada a esta biografía. Más seguido aquí en Argentina, la biografía es presentada como ficción histórica: es decir, un tipo de novela usando una vida real. Las biografías serias pueden ser encontradas en ensayos académicos, no como una ofrenda para la lectura general. La biografía ficticia tiene mayor demanda. Ha estado así especialmente desde que el difunto Félix Luna (1925-2009), historiador, fundador de la revista Todo es Historia, publico su vida del jefe militar y político del siglo 19, dos veces presidente, General Julio Argentino Roca (Soy Roca, primera edición impresa en la mitad de los ‘80). Luna fue el “inventor” de la popular novela histórica, aunque algunos los precedieron como biógrafos pero no tan exitosamente. Así, el general y el presidente se convirtieron en un best-seller.

Lo que clasifica a la obra de Daniela Churruarín (Invitados al Paraíso de María Esther de Miguel) en una clase especial es que esta ricamente ilustrada. Hay una abundancia de fotos y reproducciones de papeles familiares y escrituras y un interesante rango de información de fuentes privadas y públicas. Desafortunadamente no hay un índice de nombres, lo cual no es una característica frecuente en las publicaciones argentinas. La cuidadosa edición fue producida por una imprenta familiar en Martínez, en los suburbios en el norte de Buenos Aires, Maizal Ediciones (info@maizal.com). Se ha utilizado papel de ilustración de doble gramaje, algo que asegura reproducciones claramente definidas. El gobierno provincial en Paraná puso un montón de efectivo en la edición, y la escritora se lo merecía.

María Esther de Miguel, la hija de un mecánico español y una madre judía ucraniana que se establecieron en Colonia Leven, mano a mano con la Jewish Colonisation Association (JCA) que asistió a muchos inmigrantes y exiliados de Rusia a establecerse en Entre Ríos al final del siglo 19. Es interesante conocer como cuantas personas diferentes vinieron a Argentina en ese tiempo bajo los auspicios de la JCA. Los padres de María Esther parecen haber tenido que mudarse pronto después de su matrimonio en 1924 a Larroque, una parada de ferrocarril usada en un tiempo para transporte de pasajeros, pero mayormente usada (a este día, entre dos y cuatro trenes pasan por el pueblo cada día, o noche) por trenes cargando la cosecha de grano (este año llamada “un desastre” debido a la sequía de verano) o descargando maquinaría de granja. Era un buen lugar para un mecánico para instalarse para reparar vehículos de granja de todo tipo.

María Esther era una mujer bonita, baja, prolija, con una mirada gentil en sus ojos verdes, los cuales estaban enmarcados por una piel suave que le daba una apariencia centroeuropea. Y en muchas fotos de ella en eventos públicos, presentaciones de libros y reuniones de escritores, coleccionados por la biógrafa Daniela Churruarín, está siempre sonriente en contraste con los más serios participantes masculinos. Yo de hecho la conocí en la última década de su vida, pronto después de mi regreso a Argentina y al Buenos Aires Herald en 1994, y fui impactado por su frescura. Ella dijo que le gustaba el periodismo del Herald -me olvide de preguntarle si leía en inglés, pero el elogio fue bien recibido. A la recíproca, le alabé sus novelas históricas, principalmente aquellas recreando partes de la vida de Justo José de Urquiza y aquella de sus mujeres dichas de haberle dado docenas de hijos en Entre Ríos. Él era el gran caudillo y una vez presidente de la Confederación de Provincias, la cual gobernaba desde Paraná y precedió el establecimiento de la Republica bajo el liderazgo de Bartolomé Mitre en Buenos Aires.

Con una cuenta de 18 libros, historias cortas, novelas, buenas novelas históricas y memorias que llevaron varios premios, merece ser mejor conocida. Pero es el destino de las mujeres ser segundas en la promoción de escrituras. María Esther de Miguel ganó alguna fama como luchadora por los derechos de la mujer cuando no estaba de moda ni era beneficioso para los autores. Desde ese punto en adelante, en algunos de los más ricos capítulos del libro hay una galería de nombres de escritores, poetas, académicos e historiadores que poblaron la vieja Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y el Fondo Nacional de las Artes, donde María Esther estaba activa. Esas secciones cubren medio siglo de vida cultural en Argentina, por lo cual se convierten útiles para los historiadores sociales trabajando en ese campo de estudio.

En 1997, ella tomó parte en un debate en Villa Gesell organizado por el diario Página/12 en el cual Eduardo Belgrano Rawson, un escritor de San Luis, vigorosamente argumento: “La novela histórica no existe, esa es una contradicción básica que debe ser rebatida. La novela histórica es ficción o historia.” María Esther rebatió casi dulcemente, preguntando: “Si intentamos romper los vínculos entre el criticismo literario y la ficción, ¿No podríamos estar rompiendo vínculos con y el ánimo de los lectores?” El escritor cordobés Andrés Rivera la apoyo con el argumento que la historia greco-romana había sido transmitida a través del teatro y la recreación. María Esther de Miguel era muy buena en establecer el escenario con una pequeña y curiosa pregunta y esto está bien capturado en las citas y entrevistas hechas por Daniela Churruarín. La autora de la biografía le ha dado a su escritora sujeta un lugar literario prominente en Entre Ríos.

Desde mi primer encuentro (con María Esther) vinieron otros, principalmente dos visitas a su pueblo, Larroque, donde ella regresaba una y otra vez. Es difícil explicar cómo, pero eventualmente yo llegue a vivir en Larroque (A unos 40 kilometros de la ruta 14). ¿Qué pasa aquí? Muy poco. Esa es su belleza.

Poco antes de su muerte en 2003, María Esther donó su casa y su circundante jardín a la municipalidad de Larroque. Ella está en el cementerio a unos pocos cientos de metros. Parecía correcto mantenerla cerca.

La foto, pertenece a la nota traducida..