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19/10/2019 - NARRADORA CONCORDIENSE, RECIENTE GANADORA DE LA BIENAL NACIONAL DE ARTE JOVEN

Extracto de la entrevista de Carlos Rodríguez para El Heraldo, 18-10-2019

La narradora en cuestión es Paula Galansky (1991), quien acaba de consagrarse como una de las ganadoras de la Bienal Joven 2019, a través de su cuento “El espacio vacío del plato”.

Paula estudió la licenciatura en Letras en Rosario, donde trabaja como docente y correctora independiente. Realizó talleres de escritura con Agustín González y Selva Almada, y desde 2018 participa del taller y clínica de obra a cargo de Alejandro Zina.

La Bienal en sí incluyó cinco maratónicas jornadas de despliegue de arte joven en el Centro Cultural Recoleta, de Capital Federal. Esta edición involucró a 900 artistas, entre bienalistas y programación invitada, que participaron en 180 actividades que contaron con una asistencia de 180.000 personas.

¿Cómo viviste la participación en la Bienal Joven 2019 y el hecho de resultar premiada por tu cuento “El espacio vacío del plato”?

Este año participé de una convocatoria para la categoría de Narrativa en la Bienal, que es un evento que se hace cada dos años en Buenos Aires y mi cuento resultó seleccionado, así que eso me hizo participar activamente en talleres, clínicas de obra, formación… que personalmente me parece lo más rico de la Bienal en sí… conocí mucha gente joven que está produciendo, lo cual está buenísimo.

También hice algunas lecturas en vivo en el Centro Cultural Recoleta, que fue verdaderamente un sueño cumplido.

Lo que vino en conjunto es la publicación del cuento, dentro de un libro compilatorio de los ganadores, que se llama “Divino tesoro” y se concretó a través de una editorial hermosa como “Mar dulce”, así que para mí es una celebración porque se abrió una oportunidad increíble que nunca hubiera imaginado.

Respecto del cuento en sí ¿Lo escribiste especialmente para el concurso previo a la Bienal o ya lo tenías de antes?

En realidad, no lo escribí para el concurso. Lo había empezado un par de años atrás en un taller. De esa experiencia tenía la primera página. Luego lo llevé a otro taller que estoy haciendo ahora. Me entusiasmaron, porque les gustó… y justo en febrero de este año, estaba agobiada por el calor que hacía en Rosario y no podía -literalmente- salir de mi casa. ¡Así que aproveché eso y lo terminé! Justo cerraba la convocatoria, lo presenté y quedó elegido.

Si tuvieras que reseñar “El espacio vacío del plato” ¿Cómo lo harías? ¿Qué se puede contar sin spoilear?

Es difícil decir de qué habla un cuento. A mí me gusta más “cómo” hablan los cuentos, pero al fin, se trata de la óptica de una pre adolescente, casi niña, que va mostrando cómo es el vínculo de su abuelo y su tío-abuelo, que son los dos antagonistas del relato. El abuelo es el patriarca de la familia y el hermano de ese mismo abuelo es la contrafigura, el “tío loco” que siempre hay en toda familia, el personaje díscolo de la cuestión. A mí personalmente me atraen mucho esos personajes… los que se corren de la norma o de lo establecido, los que generan un ruido familiar o social. Uno de los condimentos principales es que uno de ellos sostiene una mentira muy tremenda y que cruza permanentemente el relato.

¿Cómo viviste la experiencia de los talleres con Selva Almada, una de las principales referentes de la Narrativa Argentina Contemporánea?

Tuve la experiencia de un taller on-line con ella, que fue muy breve, pero increíble porque soy muy fan de Selva. Tenía muchas ganas de hacerlo y como vivimos en ciudades distintas era muy complicado, entonces cuando me enteré de que podíamos hacerlo vía internet, dije: “¡Yo quiero!” De hecho, en su taller es que empecé a escribir “El espacio vacío del plato”. Una experiencia súper positiva.

¿Cómo recordás tus primeros años concordienses, antes de irte?

Tengo el mejor de los recuerdos. Es permanente. Soy de acá, vengo todo lo que puedo… Tengo muchos amigos en Concordia y la buena fortuna de haber tenido excelentes profesores en la secundaria, que me marcaron para el resto de mis días, como Lucrecia Lessa… gente hermosa que me transmitió mucho amor por la literatura. Imaginate que yo decidí que iba a estudiar Letras porque tuve esos formadores fantásticos en mis años de la Escuela Borges…

¿Cómo vivís este tiempo en que el feminismo ha tomado tanto protagonismo desde tu rol de mujer y narradora?

Soy feminista, participo mucho del Movimiento en todos los espacios que puedo. Como sujeto social estoy muy atravesada por mi época y por lo que pienso.

En la narración seguramente y desde ese lugar también, aparecen esos intereses, pero no tan explícitos, sino acompañando el presente.

¿Hay algún proyecto que te ligue a Concordia o la región a futuro?

No específicamente a Concordia, aunque se relaciona, porque tiene que ver con la Represa Salto Grande, con el río Uruguay y con Federación y su historia de mudar la ciudad completa a otro espacio.

Este año me presenté a una beca del Fondo Nacional de las Artes, que se llama “Beca Creación”, con un proyecto que fue seleccionado y se vincula con los diversos ecos que tiene en nuestras vidas la Represa… qué nos pasa a nosotros con Salto Grande... recuerdo cuando era chica, cada vez que la radio mencionaba la altura del río o se venía una inundación, estaba ese folklore de imaginarse que “algo” iba a pasar con la Represa.

Así que voy a venir bastante seguido, para investigar y empezar a escribir al respecto.