UNA NOCHE POR AQUÍ

Barranco abajo sobre los hombros de la arena de la madre de un río corren aguas oscuras.

 

Dicen que en lo alto de la noche se ve subir un lodo brillante que respira

como un yaguareté que viene a decirnos algo.

 

Y hasta dicen que a esas horas una voz habla a unas piedras blancas

entre colas de zorro que se espantan al escuchar una voz tan antigua

que pareciera que hablara con la voz del silencio.

 

Dicen que las piedras se calman cuando lo que vino a decir la voz se esconde ahí

en la humedad marina que respira bajo un brazo del Bajo Paraná.

 

También dicen que a veces llega hasta los pies del sauce que llora allí arriba

en el agua rota en esa curva donde brotan las preguntas de la sombra

que solo puede responder el silencio de la boca de los sueños

en la lengua de las madrugadas en que cruza la plata del aire un conejo

y todo sigue como si no hubiera pasado nada.

 

Dicen que muchas veces han visto una luna de sangre ahogada

que la culebra de lodo trae en sus brazos de vértigo para dejarla en la boca del día enmudecido

que viene al galope sacándose con el pico el color violáceo para entrar en las plumas

de una mañana cualquiera envuelto en una manta cosida con el hilo

 

de una belleza desesperante que enmudece contra los párpados de la isla Corazón

para desaparecer de un latigazo en la hora en que es sobrecogedor ver al pueblo

por las calles del lugar

haciendo de este lugar

un lugar cualquiera.

 

Del libro inédito “No sé”