Sirva mi desventura
sentada en un tronco
pegándole con una rama
A la tierra seca.
Un benteveo rasante
me hace levantar la cabeza.
Se agitan como caireles
chauchas rostizadas
por el verano implacable.
Llega un aroma venidero.
Una luz dramática
hace brillar los troncos
Por una sola de sus caras.
Suena un trueno desde el más allá
y luego otro muy encima
como una alfombra pesada
corrida por mil quinientos ángeles.
Autores de Concordia