Agustina Schwarzenegger
Vamos a suponer que hablamos de un tal Felipe. Y que tiene 20 años, pero que ya no existe físicamente, existe en nuestro recuerdo, en la memoria de los que alguna vez le dimos unos mimitos e interactuamos con él cuando todavía era bebote. Un día de mucho calor, cerca del fin de semana, el pibe decide no vivir más, lo intenta y finalmente lo logra. Los avatares de Whatsapp empiezan a dar sus notificaciones en nuestros celulares, y el efecto de las notificaciones producen lágrimas, shock, tristeza, mocos, cuelgues, silencios.
Qué hacemos mal preguntó una en el velorio. Cómo se tejió esa red que rompimos con chicos de esa edad. No los acompañamos, estamos pero no estamos ahí. Con él, con ellos, con sus amigos, con tus hijos.
*
La otra vuelta en Twitter se hizo viral el debate sobre esta cuestión tan mentada en relación a tener o no tener hijos, bla. Y una filósofa puérpera recordaba que “la reina de las infancias de la Argentina fue una lesbiana sin hijos” así que arengaba a los natalistas a no hacer la vista gorda ni editar esa verdad en su magia y misterio. El reino del revés. Enseguida una contestó que una profesora de la facultad ha dicho alguna vez que si hay alguien que se ocupa y se interesa por la infancia son las personas sin hijos. Y agregó: los que tienen hijos, en general, sólo se interesan por los suyos.
*
Tuve una ahijada, vamos a suponer que se llamaba Agustina Schwarzenegger y le decían Negra. Fui su madrina a los 11 años, la bautizamos en una parroquia alejada del centro donde el cura me permitió serlo. La beba, la Negra, estuvo a upa mío toda la misa. La alcé para que le tiraran el agua bendita. Nos criamos juntas, era mi prima. Un día de mucho calor, cerca de fin de año, a los 24 años de edad, decidió no vivir más. Lo meditó, lo planeó, fue a la terraza de madrugada, creo que dejó una nota. Pasamos la Nochebuena más triste del universo escuchando fuerte “me persigue la policía el día de Navidad”. Agustina Schwarzenegger había avisado muchas veces, se metía en la bañadera y se dañaba en los brazos, su mamá o mi abuela la salvaban. Ella subía esas fotos a las redes sociales, los brazos vendados… todos hacíamos la vista gorda. La Negra destacaba por su lucidez. Una vez posteó un deseo: “Lo único que quiero para este 2017 es ser más linda y estar medicada”.
*
Hablamos toda una tarde con dos hermosas nenas. Vamos a suponer que una se llamaba Anika y la otra, Rosa. Flashié, con 11, 12 años tenían la misma lucidez de Agustina Schwarzenegger. Las dos estaban de acuerdo que la mejor serie que vieron fue Stranger Things. “Imaginate que yo la empecé a ver cuando tenía cuatro, es la serie de mi vida”, dijo Anika. Rosa arrancó el año pasado porque de chica le daba tanto miedo que no podía dormir. Si hubiera podido escribir el guión, Anika le habría cambiado muchas partes a la temporada dos. Le contaba a Rosa que en su pieza hay pósters de Eleven y sus amigos, y sus réplicas en muñecos. Les pregunté por qué les gustaba tanto la trama: “Porque Eleven es extraña y muy valiente”.
*
Los auriculares: ey, otra vez, todo lo bueno se te fue, ey, otra vez, todo lo bueno se te fue.
*
Agustina Schwarzenegger conectaba mucho con Kitty y con Britney Spears pero mucho más con el estudiante hippie, Harris Trinsky, de la serie Freaks and Geeks.
*
En un puesto callejero de venta de libros, una nena luminosa, supongamos que se llama Violeta, se acerca y chusmea. Tiene 9 años. Conversa con la vendedora y dice que le encanta escribir historias de terror. A ver contame qué historias se te ocurrieron, le insiste la vendedora. Sonríe, mira de reojo a su papá, y hace así, arañando, con la mano: “La historia de un señor que trabaja en una oficina. Todos los días al abrir el cajón de su escritorio, acaricia una mano de bebé y vuelve a cerrar el cajón”.
*
Vamos a suponer que ahora, en el consultorio ginecológico, hay una mujer de 41 años esperando a ser atendida. Se acuerda de aquellos chistes de doble sentido que contaba Agustina Schwarzenegger. La mujer ya sabe que no va a poder -físicamente- tener hijos, hay pelotitas enquistadas en su útero, dificulta mucho la concepción. Y además nunca se planteó tener hijos con su pareja, aunque jugaba de chiquita a darle mamadera y a darle órdenes a sus bebés de plástico. Esperando a ser atendida se encuentra con este poema de Eloísa Oliva y lo lee en voz alta:
De golpe la vida se volvió otra cosa.
Pienso en eso, es de noche
y preparo la cena. Me pongo discursiva,
descriptiva
no adivino lo que debe estar en
el poema: ¿la canilla
que gotea, el silencio interrumpido
por el camión de la basura?
No, no era para eso. Simplemente que es de noche
y preparo la cena. Que la vida
se volvió otra cosa.
Autores de Concordia