SUPLEMENTO LA ISLA - DIARIO UNO

EL DESTINO DE SUS TEXTOS
Suplemento La Isla – Diario UNO – 14-08-2010
 
El ganador del premio literario Fray Mocho en cuentos Fernando Belottini, (de Concordia), es un caminador de varios rumbos y eso está presente en su urbana literatura. Contador de profesión, escritor, hecho y derecho (¿contador que cuenta?), Fernando anduvo por Paraná y La lsla lo recibió en forma exclusiva.
Literatura de lo urbano, lo casual / causal, el absurdo y lo sorpresivo (por momentos casi surrealista), Belottini tiene rastros invisibles de la mejor literatura- de géneros diversos. Él comenta entre café y jugo de naranjas: "De chico tenía facilidad para escribir, hacer lo que se llamaban 'composiciones'. Hace poco una
amiga me mandó mi primera composición editada en una revista escolar; yo tenía 8 años.
 
-¿Te gusta todavía?
-Bueno, es muy sorprendente. Y otro amigo me mandó un comentario de
eso diciéndome que había mejorado bastante (risas). Después de eso no me conecté con la literatura hasta los 22 años más o menos, interesado también por la política. Era un momento especial de la historia argentina, en el 83, con mucho movimiento de ideas. Antes de eso en Rosario hacíamos, revistas alternativas con gente de mi pueblo (Las Parejas, Santa Fe). En realidad, yo empecé a escribir porque no podía dormir. Y una analista me dijo que me fijara si lo que escribía tenía algún valor estético. Entonces y a raíz de eso comencé a ir a un taller literario con Nicolás Bratosevich (quien había sido director de la Escuela de Letras en Rosario). El me enseñó más que nada a leer, es decir a fijarme en los elementos y recursos que usaban los escritores con los que mi lenguaje tenía afinidad. Digamos que me señalaba mis antecesores o parientes literarios. En esa época yo trabajaba el absurdo, aunque luego lo dejé: Monterroso, Virgilio Piñera, Rulfo. Si veíamos minimalismo leíamos literatura en ese estilo, escuchábamos música relacionada, en fin. Él no imponía formas de escribir, sino que dejaba que la encuentres.
 
-Y en esos ejercicios, ¿para vos ya había literatura o eran bocetos?
-Lo que sucede es cada persona cuando se expresa es como que tiene una cadena de significantes -por decirlo así- que ya es su estética; su modo de construcción del lenguaje es la forma en la que piensa. Su discurso está organizado y se expresa de varias formas, y eso puede ser atractivo o no para el que lo lee. Por ejemplo, hay gente con capacidad para contar, incluso chistes, y yo para eso soy horrible.
 
-¿Y en lo que respecta a las correcciones en general?
-Es muy loco lo que me pasó. Porque ahora que hago taller con Alicia Steimberg aprendí a bancarme la corrección más exhaustiva. Quiero decir que el texto siempre puede sufrir variaciones de corrección, y ya lo había dicho Borges: uno publica para dejar de corregir. Yo creo que ése es un buen procedimiento para llegar a algún resultado eficiente. `
 
En cuanto a la presencia tácita de lector modelo, o a aquel que se necesita para ubicarse en el plano narrativo, Belottini puntualiza:
"El primer lector soy yo, de modo que si a mí me interesa, siempre' pienso que le puede interesar a otros. Yo trato de hacer una escisión entre el que escribió y el que ahora lee, entonces uno se convence -en lo posible- que es otro cuando lee. Pero en el momento de escribir intento ser personaje que narra y no yo.
 
Tiempos
"Arranqué a escribir en el 84 más o menos, y allá en el 96 o 97 dejé de hacerlo. No leía tampoco”, dice Fernando con la calma de quien dejó atrás otros tiempos.
 
-¿Por qué?
--No sé. Digo lo que dice Gaudio: el tenis me dejó a mí (risas). Retomé en el 2004, y en esta etapa puedo hacer lo que antes no hacía. Por ejemplo,agarro un texto y lo cruzo con otro, hago collage, retomo lo que dejé. En cambio antes yo escribía de una sentada: lo que no salía en ese momento no se corregía nunca más.
 
-¿Hay temas?
-El cuento es esencialmente urbano para mí, no me interesan mucho las narraciones bucólicas y si la acción, que es la ciudad. Si bien yo nací en una localidad pequeña de Santa Fe, pasé mucho tiempo en ciudades grandes como Rosario y Córdoba. Y ése era mi deseo porque siempre me gustaron las ciudades grandes, los escándalos de la urbanidad (risas).
En las ciudades hay una historia a la vuelta de cada esquina. A veces eso de la acción en mis cuentos me trae problemas porque ocurre que el texto puede perder visualidad y la gente necesita más detalles para situarse en atmósferas, pero la verdad es que no soy tan detallista.
 
-¿Y la tendencia a lo fantástico o al absurdo?
-Mis personajes de algún modo representan el fantasma de vivir equivocado que tiene uno  (risas). En todo caso; la pregunta de hasta dónde uno hace lo que quiere hacer y no lo que se debe. Y el absurdo quizás funcione, así como contrapeso, porque en medio de la racionalidad y los razonamientos complejos, el hombre nace para morirse, es decir que allí se encuentra el máximo y primer gran absurdo. Entonces hay más realismo quizás en esa búsqueda del absurdo que el de vivir en sociedad todos los días cumpliendo deberes.  A su vez, esos cuentos se disparan desde imágenes o situaciones. Y narro en general en primera persona para darle verosimilitud, porque quién te puede contar mejor lo que querés contar que el propio personaje que lo narra. Es decir, yo te lo cuento poruq elo viví. Puedo estar loco, pero esto me pasó. Me pongo entonces en la piel de un personaje que te va a narrar. E incluso narrando en tercera persona, uno no puede dejar de filtrarse en la narración, uno interviene y las cosas no suceden en abstracto.
 
-¿Y actualmente lees mucho?
Si, porque a mí hay literatura que   estimula a escribir. Y luego empieza el proceso de construcción, el que sé dónde empieza, pero no donde termina. El texto se va resolviendo a medida que avanzo y voy descartando o agregando. Puede empezar por un diálogo, una lectura, son múltiples disparadores en la creación y no fórmulas. Leo mucha narrativa, que tengo muchos amigos poetas que me obligan a leer poesía (risas).
Incluso la escribí en una época, pero me resulta algo inalcanzable. Yo digo que hay gente que toca la poesía, y en toda una obra a veces son pequeños momentos y lo demás acompaña. Y esa exigencia que tengo no la podría aplica a mi propia poesía, así que no lo puedo hacer.
 
-Muchos narradores dicen que empezaron por la poesía porque es el principio de todo.
-Yo creo más bien que la poesía te marca, porque ¿qué es la literatura en la escuela primaria? Poesía, -fundamentalmente. Te hacían memorizar poemas. Entonces es lógico que algunos empiecen por ahí. Otros lo usan para su escritura. Yo ahora en cambio le estoy escapando a eso, y escribo más plano. Estoy más cerca de la crónica que de la literatura en sí.
     
-¿Por qué?    
-Porque cuando leo le encuentro la pluma, la intención literaria, y eso me molesta, el gesto ése de “soy escritor', y entonces y por eso uso metáforas y esto o aquello. Pero en realidad yo quiero decir y contar una buena historia, nada más. Mi preocupación hoy es como se arma esa historia y en todo caso después cómo la cuento. Mario Bellatin (a quien estoy leyendo ahora) te cuenta una historia sin a arabescos y te planta la situación, así de crudo.
Eso estoy buscando ahora, no sé más adelante.