TIGRE Y CARAMELO (*)
POESÍA JOVEN ENTRERRIANA (Antología)
Introducción, selección y notas: Marcelo Leites
Hablar de poesía joven parece siempre una ocasión para hablar de la “eterna juventud” que padecemos desde hace años en la Argentina. Como si de alguna manera hablar de poesía joven fuera estar en contra de la poesía “vieja” o de generaciones anteriores, lo cual, es una falacia. Los nuevos poetas no pueden negar la tradición, por más que muchos de ellos lo intenten. Inevitablemente la escritura de un poema se inserta dentro de la tradición literaria, ya sea como continuación o como ruptura. La poesía joven que me interesa tiene valores innatos como la espontaneidad, la fuerza, la autenticidad. Notemos que en Entre Ríos, venimos de una fuerte tradición lírica, poetas como Carlos Mastronardi, Ana Fabani, Juan L. Ortiz, Alfredo Veiravé, Emma Barrandéguy , Arnaldo Calveyra (y, antes, incluso, los clásicos: españoles, latinos, chinos), entre otros, suponen diversas líneas estéticas que en algunos casos fueron continuadas y en otros, quebradas por la poesía más reciente. Hay también toda una generación de poetas que continúan a los mencionados, que también podrían leerse en relación con estas voces más jóvenes: me refiero a poetas como, Marta Zamarripa, Laurea Erpen, Domitila Papetti, Graciela Gianetti, Miguel Angel Federik, Juan Meneguín, Alejandro Bekes, Luis Alberto Salvarezza, Ricardo Maldonado, Hugo Luna, Jorge Montesino, Damián Ríos, Daniel Durand, Marcelo Leites, etc.
Es interesante pensar cómo influyen las raíces, la naturaleza o la idea de la naturaleza en estos poetas jóvenes. Quiero decir que muchos de ellos pueden ser leídos a la luz de esta cuestión. Y así, el espacio urbano y el espacio natural alternan en estos textos. Pero en otros no: la naturaleza está ausente y su lugar lo ocupa lo que podríamos llamar el anecdotario del poeta. El “yo” es objetivado en los sucesos que despliega el texto.
Todos los poetas seleccionados escriben en verso libre, con métrica variable o en versos amétricos y con el ritmo propio del habla cotidiana y el entorno. La mayoría responde a los imperativos de la época: predomina el registro coloquial por encima del literario, escriben desde un escepticismo considerable, con una ausencia de cualquier idea de trascendencia, y suelen mantenerse dentro de una textualidad de superficie que remite directamente a los objetos o a los hechos narrados. Vale decir que estos poetas de algún modo cuestionan la tradición y construyen un mundo propio, que no difiere demasiado del mundo que nos rodea. Son, en ese sentido, hiperrealistas. Cuestionan en sus textos cualquier idea de una lírica, ligada al paisaje o a una interioridad subjetiva. Son textos marcadamente anecdóticos. Dentro de este grupo incluyo a Fernando Callero, Cristian Monti, Julián Bejarano, Joaquín Diaz, Daiana Henderson, Selva Almada, José Morales, Manuel Podestá, Ariel Delgado y Joaquín Díaz.
Cuando digo “coloquial”, me refiero en sentido amplio a la reproducción de los ritmos del habla corriente; aún cuando destaco que no se trata de una mera transcripción literal del habla popular; sino de una recreación artística; son voces alejadas de la banalización, del espectáculo y de los efectismos. Cuando digo “literario” aludo a las convenciones poéticas: la cadencia métrica, las imágenes cristalizadas y un lenguaje excelso; es decir, lo que asociamos con “alta” literatura, por oposición a la “baja”, testimonio de un mundo fragmentado, de la velocidad de las cosas y de una naturaleza que para los poetas mencionados ya dejó de ser pasaje hacia “la otra orilla”, correspondencia entre el interior y el exterior como sucedía en la poesía de Juan L. Ortiz, y sólo remite al agotamiento de sí misma, vacío o nostalgia.
La realidad crea una nueva percepción y las formas cambian. Es lo que justifica históricamente las vanguardias, más allá de sus resultados artísticos. Así, el tono conversacional, la descripción, el prosaísmo y la imagen son los centros de irradiación de esta nueva poesía, que también abarca una relectura de la tradición lírica entrerriana. Y en esta línea lírica, epifánica, que renueva su fe en la trascendencia, aunque más no sea la trascendencia de la escritura misma, donde también el uso de la imagen es significativo, pueden ubicarse los poemas de Martín Carlomagno, Claudia Sosa, Marita Balla, Gonzalo Acosta Tito, María Aranguren, Tamara Demiryi, Claudio Marcelo Martinez, Pamela de Battista, Martín Pucheta. Carla Olivera y Leonardo Köstner. Se trata de poetas que todavía creen que el lenguaje puede tener un espesor, una dimensión que por momentos resulta sagrada; creen también que el lenguaje puede nombrar el misterio, eso que está más allá de lo que las mismas palabras dicen en el poema. Y también siguen considerando el paisaje como un motivo de celebración. Asimismo creen que la subjetividad del poeta puede ser parte del texto (“El yo lírico”).
Ninguno de los poetas incluidos aquí son improvisados; elaboran sus composiciones. Tienen conciencia del lenguaje, sus materiales y estrategias. Afinaron su voz. Crearon su propio espacio dentro del texto. Casi todos establecen una genealogía particular de creadores que influye en sus escrituras y el resto aparenta no llevar ninguna mochila en sus espaldas. Pueden inscribirse en corrientes diversas: del objetivismo al hiperrealismo; del lirismo al minimalismo y al surrealismo; sin embargo, no clausuran la exégesis, sólo marcan una posible orientación del material; algunos poemas son imposibles de clasificar dentro de estas tendencias estéticas; sería necesario analizarlos individualmente, lo que procuré hacer en cada caso peculiar.
Toda selección supone un recorte, en mi caso reuní las voces que me han parecido más significativas dentro del panorama de la provincia. Mi elección se basó en lo que conozco, seguramente habrá otras voces, que ignoro y que también podrían haber sido incluidas. De todos modos son 21 los poetas que he seleccionado -la mayoría menores de 40 años-, suma lo suficientemente ilustrativa para leer lo que sucede en nuestra provincia.
El análisis basado en las estéticas sólo es una de las vías de acceso a las obras literarias. Y ese es el criterio que adopté en este caso, tanto en el análisis como en la selección misma. Por más objetividad que uno se proponga, la lectura nunca deja de ser arbitraria, parcial y subjetiva; sin embargo, esperemos que las glosas funcionen como una introducción a las poéticas. No obstante, prevaleció en mí la intención de difusión, más que de la exégesis, en la convicción de que no hay mejor exégesis que la lectura misma de los textos. En general, elegí entre uno y tres poemas por autor, lo que puede dar una somera idea de cómo escribe cada uno. También opté por limitar las biografías de cada autor, para darle prioridad a los textos.
FERNANDO CALLERO
Nació en Concordia en 1971. Publicó Ramufo Di Bihorp, ("Premio Provincial de poesía José Pedroni 2000", Santa Fe, 2001); El espíritu del joven Borja (Ediciones Bajo la luna, Rosario, 2007), Al rayo del soy (Colección Chapita, Buenos Aires, 2008) y Joya(Colección Chapita, Buenos Aires, 2009), entre otros libros. También puede leérselo en varias antologías. Fundó Ediciones Diatriba, donde publica sus libros y también a varios poetas jóvenes entrerrianos.
Fernando Callero describe escenas del paisaje, objetos y seres emblemáticos, con trazos desprejuiciados y humorísticos. En primera persona va enumerando anécdotas como al descuido. Es uno de los poetas que se nuclearon en torno de la figura de Daniel Durand.
Del libro “UNA DESTRUCCIÓN MUY FINA” (Determinado Rumor, ePub, 2012):
LLEGÓ Y SE INSTALÓ LA GRAN CALOR
Llegó y se instaló la gran calor
y estoy feliz por eso.
El cielo, las radios, los chicos en cuero
yendo en bici a la pileta del club suboficiales,
yo también voy.
Todo el panorama reseteado.
Las mortajas del invierno sepultadas
hasta junio en el armario.
Descarga, viejos archivos comprimidos.
Otros recién abiertos, flamantes:
mi vida.
Voy a poner un mar de fondo de pantalla.
O mejor, le voy a sacar una foto al cielo,
que es una losa celeste, sin motas
y la voy a cargar en la compu
para poder verlo todo el tiempo.
Incluso de noche.
Incluso desde un interior.
Desde las primeras horas a los pájaros
Este es un poema dedicado a esos seres nerviosos y discretos
que llevan su vida en las alturas, una dimensión que el hombre
casi no utiliza.
Hablan un lenguaje extraño.
Su velocidad de estar es otra.
Los anima una energía
que hace saltar los fotogramas.
Qué vértigo convertirme en uno,
sentirme sedoso,
redondo,
picarme un piojo y salir volando.
Dije que este era un poema para los pájaros,
pero es mentira porque ellos jamás van a leerlo.
Sigue habiendo pájaros más allá de estos versos;
cantan en mi ventana cuando me voy a dormir.
SELVA ALMADA
Villa Elisa, 1973. Vivió en Paraná durante años. Actualmente reside en Buenos Aires. Dirige la editorial Carne Argentina. Publicó: “Niños”, cuentos, 2005; “Una chica de provincia”, relatos, 2007 y “El viento que arrasa”, novela; Mar Dulce, 2012.
Almada trabaja el cruce de géneros, entre la poesía y la prosa, compone personajes que usa como máscaras, en un registro irónico y kitsch de lo cotidiano
Del libro: Mal de muñecas, Editorial Carne Argentina, Buenos Aires, 2003:
1.
Pamela
es la reina
pelo rosa y piel morena.
Sebastián y los otros
la aman.
Ella y su desdén
adentro del vestidito blanco
en el segundo estante
muestran
las piernas abiertas
sin agujero.
Sentados todos a la mesa
Pamela sirve té de mentira
en tacitas de plástico
y conduce la charla
como una dama.
2.
La brasa de un cigarrillo
cae
en un descuido de mamá
quema
el pie derecho de la Flaca.
Yo lloro las otras se ríen
la Flaca llora mamá se aflige
le echa la culpa al gin tonic y
promete tejerle unos zapatitos
al crochet.
Todos sabemos que no hay solución:
sólo yo querré a la Flaca renga
perderá la corona de princesa
con que Niño Valor la ungiera
dos meses atrás
su carrera de top model
en ascenso
se trunca
sus sueños de bailarina de tap
se rompen como espejitos.
Mamá le habla a la Flaca:
no es tan tremendo, dice,
una amiga suya, cuenta,
perdió el útero y los ovarios,
a su cuñada
le extirparon un pecho
y sigue enumerando
mutilaciones varias
que asustan a la Flaca
y también a mí
que agradezco que nunca traiga
sus conocidas a casa.
3.
Sebastián tiene
ojos turquesa y pelo dibujado.
Es un bebé
pero a veces le pongo ropa de hombre
y hacemos que es mi novio.
Cenamos
frente a platitos vacíos
a la luz de las velitas
que robo en los cumpleaños.
Hablamos poco
él nunca menciona su trabajo.
Le cuento que el Panzón
se fue a vivir a Nueva York
y que escribe seguido,
que Sabrina se fue con mi hermana
de vacaciones a Pinamar.
De postre le sirvo
una rodajita de limón
que nunca toca
y que termino comiendo yo.
Si ponemos música
me subo a la mesa
y bailo para él.
Nos reímos bajito
para que mamá no se despierte.
Antes de irme
lo beso en la boca
y él enreda su mano en mi cabello.
MARÍA DE LOS ÁNGELES BALLA
Nació en Paraná, en 1974, donde vive, pero vivió unos años en Concordia. Con una mirada naïve y de acento femenino, Marita Balla reflexiona sobre la poesía y el amor heterosexual, con el pueblo como telón de fondo.
De "Naranja Ombligo" - Ediciones de la Intemperie, Paraná – 2007:
Arenas
de punta a punta desnudos
sin detener la marcha
cuando los rostros se nos desdibujaban
ante la mágica mitigación de las espinas
no queríamos que la huella de barro nos abandonara
por el sensible miedo a ser felices
nadie nos enseñó estas palabras
no podíamos pronunciarlas
tristes entonces las enterramos a la sombra
para que crecieran
con la esperanza de poder entenderlas algún día
más tarde y boca arriba por la correntada del río
simulábamos indiferentes el desequilibrio del agua
volvíamos para amar la ausencia
y anhelábamos el sol de las arenas
La danza de la flecha y otras yerbas
un paisaje plagado de cemento
balcón que tiene por el mango
sartén en tu ventana
con el pasaporte vencido intento hacer cola
y comprar un pasaje hasta tu casa
la rubia pide pista morocho:
cansada de hacer dedo a los aviones
CLAUDIO MARCELO MARTINEZ
Nació en Concordia, en 1974. En 1998 se radica en Montevideo, Uruguay. Integra el taller literario del Profesor Lauro Marauda hasta 2005. Publica su primer poemario, “Lo tenue del sol” en 2002. Publica el poemario “Estigmas del jacarandá” en 2004. Realiza los Encuentros de escritores “De la vigilia” en Concordia, 2004, 2005 y 2006, junto a los escritores Marcelo Leites y Stella Ponce -que nucleaba escritores uruguayos y argentinos- y Junto al escritor Leonado De Mello, en Montevideo, 2006. Se radico en Colón, Entre Ríos en 2007.
Publica el poemario “El paraíso de los Ausentes” en 2012; libro del que extraje los poemas seleccionados. La poesía de Martinez es lírica; y al mismo tiempo autorreferencial, con algunos trazos discursivos y surrealistas:
reflejos en nuestros cuerpos
galaxias constelaciones
quien mira al árbol hecha raíz
quien mira pájaros vuela
quien mira piedras se fortalece
quien contempla el mar se ve profundo
quien mira el rocío se está amaneciendo
quien enciende fuego cuidando que perdure
está gestando
PRISCA SAPIENTA
Arte
tuvimos grandes charlas sobre Arte
entonces la boca se me hacía Poesía
tantas veces tragué mis versos
Arte
cuerpo pasando a un costado del presente
nueva idea
llegar a la niñez del alma
modelamos barro en consenso con los ausentes
abandonamos este traje
trascender anular el tiempo
concebir diálogo constante
nueva idea obra latiendo elemento parte del aire
primero
cuando no teníamos edad
cuando el tiempo la memoria la materia
eran una vaga idea
la libertad ese otro cuerpo existía
vistiendo la desnudez del beso
utopía de la piedra el agua el fuego el pájaro
lejos del sacrificio
agua brotando del fuego
fuego brotando de la piedra
piedra naciendo del pájaro
Arte.
CLAUDIA SOSA LICHTENWALD
Nació en Paraná, en 1975, es Licenciada en Comunicación Social, especialista en redacción y periodista. Desde el año 2000 y hasta el año pasado escribió en el suplemento cultural y de espectáculos Escenario de Diario Uno, de Entre Ríos.
Claudia Sosa realiza una original relectura de los mitos y las metamorfosis, a partir de pequeños insectos y animales (incluido el hombre) dentro de una naturaleza animada.
De: Sobre el temblor del minotauro (Fundación La Hendija, Paraná, 2008):
Anatomía de la hormiga y la hoja
Sobre una hormiga negra
va la hierba que sangra.
La sabia hormiga de quitina
cortó las nervaduras de un solo mordisco.
Debía hacerlo, pensó.
Y rápido para que no sufra.
La hoja de la hierba
sintió la disección como un calambre.
Es sólo un instante, pensó.
Y se dispuso a disfrutar el viaje.
Sobre una hormiga negra
va la hierba que sangra.
Tres preguntas para una respuesta solitaria
¿Acaso ya no hay abejorros ni escarabajos?
¿Dónde brillan los bichitos de luz?
¿La madurez impide ver caracoles y bichos bolita?
Aún así, las babosas mastican las hojas de una planta de albahaca.
Martín Carlomagno
Nació en 1978 en Concepción del Uruguay. Actualmente reside en Paraná. Ha publicado Escombros (Poemas olvidables, Edición de autor, Paraná, 1999) -Ruinas del Paraíso (Ediciones del Clé, Paraná, 2002)-, Confesión del Visitante (Ediciones Ríos al Mar; Paraná, 2003)- Lo que no fue es Resplandor (Tráfico de Arte, Paraná, 2005)- Isla que mira hacia un Diván (Cuadernos del Señalero, Paraná, 2006) y Apuntes sobre el cielo de abril- (Tráfico de arte, Paraná, 2007). En el 2008 fue seleccionado para integrar la Antología Nueva poesía joven Ediciones en danza Buenos Aires.
Carlomagno exhibe un lirismo intimista como tono dominante: registra desde el presente los momentos luminosos de su historia personal; pero también utiliza máscaras, para decirse cosas a sí mismo. Hay en sus poemas un tono nostálgico que, sin embargo, resuena atemporal.
MARTÍN CARLOMAGNO
Apuntes sobre el campo de abril
Cierro los ojos y dejo que el color se apodere de mí.
Un tordillo remonta el aire y da galope al cielo.
Retengo la mirada y vuelvo a preguntarte las mismas cosas,
la tierra se abre sobre tus surcos, la tierra se cierra bajo tu cuerpo.
Retengo algo que no llega.
Que no se atreve a los árboles.
Al vértigo sigue la inmovilidad.
Y de la inmovilidad al vértigo no hay más que un minuto.
Sesenta segundos de vacío.
Sesenta pulsaciones al brote de tus brotes.
Cierro los ojos y mis manos fuerzan el candado, quieren abrirse a
la inmensidad y no dar más desdicha a los troperos.
Cierro los ojos como quien busca internarse en sí mismo,
sabiendo que no hay respuestas. Silencio. Escena que en tu voz
parece perdurar y perturbar al mismo tiempo. Retengo la memoria
de los corrales, las siestas son al fin un eterno almacén en donde
habitan los muertos.
Cierro el cuaderno
y el horizonte cae.
Cierro los ojos
y el cielo cae, sólo falta un retrato y el perfil de tu cuerpo.
De Apuntes sobre el cielo de abril.
De carga en carga va.
Lustrando atardeceres pierde el día.
Nadie ha visto su boina
torcida por un rayo, dando lo que no tuvo.
Su corazón es un galpón
donde la siesta pasa y pasan carros
y el trigo se descuelga de su espalda
y nadie quiere verlo.
Es demasiado abrirse al horizonte,
dejar la mano en el temblor y cerrar los pulmones.
Romper con la costumbre
de estar siempre esperando.
Él lo sabía, por eso es que lo nombro.
Ahora: los álamos vuelven sobre sus ojos
y sé que está más lejos. Allá en el campo.
A la memoria de Pipo (Mi Abuelo)
(De: Lo que no fue es resplandor)
El perdedor
Cuando nadie conteste
y el número de la desgracia
sólo tenga tu tono,
será
la soledad quien te circunde
en un patio olvidado
o en cualquier
estación por la que el tren
ya no espera pasar.
A veces,
duele verse en el reflejo
de un anden
o en la nostalgia
de una mañana por venir.
Cuando los días se agoten en los zapatos
no podrás elegir
más que el rostro que amaste.
La disposición final de la tristeza
aclamará tu nombre.
Detrás de las ventanas
una anciana hace gestos.
Su mirada confunde a los que pasan.
En ella puede verse
el último verano jugando
entre los campos. La noche
anuncia su lenta melodía.
Lo que pudiste resignar es la pena.
Esas casas pérdidas
cercando el horizonte.
Todas esas manos en las que nadie espera,
caricia que vuelve desde ningún lugar.
Cuando nadie conteste
el mar se habrá alejado
para siempre
y un coro de palabras
dirá tus intenciones.
La vida abre sus hojas
al que aguarda.
La espera se acentúa
entre los árboles.
Ahora la anciana
abandona el tejido
y con la voz pausada
conversa con un pájaro.
El perdedor intenta abrir los ojos
pero la luna encandila
y las apuestas
descienden.
Cada escena lo aguarda
en un sitio extendido
pero no hay quién responda.
Entonces,
se abre la camisa
y sus pies abandonan la tierra.
Ese que ven volar desconoce el latido.
(Inédito)
C. MONTI
C. Monti (seudónimo de Cristhian Montivero) nació en La Paz en 1979, es estudiante de Historia, alumno del taller de poesía de Daniel Durand. Participó como invitado en el Encuentro Paraná poesía en 2010. Publicó "Desplazamiento sonoro" (Ese es otro que bien baila, 2010 y se reeditó en 2012 por Ediciones Neutrinos) Y "Uno de vez en cuando" (Editorial Amontema Brick, Asunción del Paraguay, 2012), y en las antologías La trampera (Rosario 2009), Pocholandia y sus amigos (Rosario 2010) y "Peligro inflamable" (Buenos Aires, 2011).
Con una mirada que tiende hacia el objetivismo, Monti, habla del río, de los árboles, aunque no desde una lírica, sino desde una reflexión que escinde el sujeto poético con el mundo observado. También establece un contraste entre lo que está adentro y lo que está afuera del “yo poético”.
Influencia
A la tarde en el río
los patos desaparecían ,
en ese instante
con estudiada desprolijidad
dejaste de ser previsible,
desde entonces lo tuyo es otra cosa,
ahora vos desapareces
y tus objetos te imitan.
Otoño
Nos acercamos al único árbol que
reverdece entre otros sin hojas,
al llegar sólo queda un esqueleto
de ramas desnudas.
Cientos de loros cambian el
color del cielo,
alejándose de nosotros.
SUBMARINO
En un Fiat 600
queman lo último que queda,
aguantando el humo
sin respirar
por diez cuadras.
La felicidad no se administra,
dice uno
y cierra las ventanillas
en el fin del verano.
LEONARDO KÖSTNER
Nació en Paraná, en 1979. Ha publicado Letras Argentinas de Hoy,
2004-Antología III, Edic.de los cuatro vientos, 2004; y
La quietud de las cosas, Tráfico de Arte, 2006; de donde extraje
los poemas presentados. Köstner utiliza metáforas y algunas pinceladas
surrealistas en su poesía, básicamente, lírica:
La mano cultiva
blanca
madurada en desiertos
nutrida al retoño
hecho cuna y al rato
vuelo en cruz.
Alimentar con lágrimas
aquel árbol que se deshoja lentamente.
Tanto coser su ropa
quedaste unida a él
con hilos eternos de luz
de miradas y silencios.
La mano cultiva ya de niño
manos de pan luego
que se darán sin medida
maduradas en el desierto.
Los hombres compran y cosas venden
A quien corresponda
La gota de rocío
y el eterno mar se seca.
Una mentira di al viento en voz baja,
y cambiará su rumbo.
Los zorros salen de sus cuevas
y en la ciudad cometen el crimen verdadero.
Y los hombres compran
y cosas se venden,
pero saben
que la sinceridad del zorro
es hambre.
Crisálida
La áspera cáscara corrompe la epidermis
De un cuerpo inflamado y fofo.
La papada, los granos y el pelo graso
Invitan al tacto de otro a evadirse solo.
¿No ves que la belleza solo es posible después de la fealdad?
Seré un gusano plomizo antes de convertirme en mariposa ligera.
MARTÍN PUCHETA
Martín Pucheta nació en Gualeguaychú en 1981. Publicó las plaquetas Superbóreos (Zorra/poesía, 2009), Matota (El Chancho Armónico, 2009) y Sonajero de misterio: los tomuer (2009), junto con Nicolás Cambon,
fruto de la Fiesta de los Muertos.
Participó en las antologías Última poesía argentina (En Danza, 2008) y Felicidades también (18 poetas) (2005).
Publica Superjardín, en 2010, en Ediciones en Danza, de donde fueron extraidos los poemas. Se trata de una poesía con una tonalidad lúdica, graciosa, que presenta un lirismo con cierto grado de desparpajo:
Schopenhauer
El Diablo rompe una vez más
la ventana de Dios
y la luz escapa
como viento de locura.
En los campos que ahondan
la noche que se eleva
se arrojan
los vidrios
de brillo y miseria.
Si se mira bien
la herida en los ojos
no cierra jamás.
Arranque
Si me arrancaran ahora el corazón
tan enamorado de tu tiempo así
y asá de los bichitos en tu aura
semillas revoltosas
de eternidad en tu luz,
concéntrico carnaval,
estarían detonando una granada,
fruta fresca y belicosa
de estallar
en mil árboles
de fuego y estrella,
en cánticos que expanden en racimo,
en himnos de galaxias nebulosas,
constelación y sangre.
¿No te asusta mi cariño,
azúcar atómico y cuco motor?
Si me arrancan ahora el corazón,
arrójenlo a la nada.
JOSÉ MORALES
José Morales. Nació en Paraná, en 1982. En septiembre de 2012, publicó por Ediciones Diatriba de Paraná, su primer libro de poesías Bombucha season. Codirige junto a cuatro amigos de su ciudad el fanzine de poesía Pegaláctico. Morales trabaja la enumeración de hechos reales y ficticios y la enumeración de personajes con una impronta surrealista.
Los 90
estamos pensando otra vez en los 90
en el portal de la península olímpica
las escaleras de pasto y todas las chicas
en una edad dorada, reluciente
de jeans rotos y remeras de los pistols
daniel pinta y compone en el psiquiátrico
Edimburgo comienza a hacer estragos
Aberdeen deja caer los pinos al norte
en Europa central se hizo de noche
mirando el último eclipse del milenio
¡Acá todo es de oro!
un suspiro caracol
llenó de baba el mundo
que ahora chorrea
sobre otro mundo
y otro mundo y otro
formando ríos,
mares,
ideas como piletas
Valentín
los solteros sin familia
son mejores soldados
julia plantó un almendro
de flores rosadas
junto a tu tumba
Todas las calles del mundo son las calles de Paraná
la señal
dijo con voz de padre
es un par de zapas
colgadas en los cables
yo camine buscando
por todas las calles del mundo
For Martha
ratones plateados
bailan y reflejan
todo se extiende
y hay estrellas
en el fondo confuso
la luz de un patrullero
GONZALO ACOSTA TITO
Gonzalo Acosta Tito nació en Concordia el 27 de junio de 1982. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Publicó tres libros: “El Mendigo de Ojos Celezul” (Editorial Imprenta de Entre Ríos, Paraná, 2009), “los Góticos en la Argentina” (Editorial Panza Vede, Concordia, 2010) y “Entre Cunas y Tumbas” (Editorial Panza Verde, Concordia, 2011). Estuvo a cargo de suplementos culturales y literarios en su ciudad natal.
Acosta Tito, ve en el poema un eslabón entre el “yo poético” y lo sagrado, porque la palabra misma es sagrada para él; su poesía está influida por la mística y por poetas que han trabajado el “silencio” como Hugo Mujica, de quien es discípulo. Una de sus marcas formales más características es el uso frecuente de verboides, que detienen la acción, en un estatismo que, sin embargo, favorece la contemplación. También el uso de sustantivos abstractos y de metáforas informan su obra.
SALTO
I
Cae el sol sobre tus ojos
y el nacer del otoño nos llama a la caída,
la de encontrarnos humanos en finitud hacia el cielo
II
Desde la orilla nos contemplamos raíz
siendo la ausencia
de lo que creció y nos olvidó.
La luz en el río y nuestra tierra del otro lado
destierro en el horizonte azul
III
Algo de la belleza de tu nombre
nombra la partida:
la de aprender a volver a morir.
Entre Cunas y tumbas (parcial)
I
La vela llora quietud,
recoge invierno
se quema en su cuerpo.
Cera llovida
pasión derramada: madera partida
(humana)
II
Gris latido el de la ciudad
que abandona a sus hijos
en la prenatalidad de su voz
génesis del dolor
coro de viudas de llantos cenizas
cantata de niños de manos mendigas
del canto de la vida en la noche oscura del mundo
del pájaro muerto en el cántaro.
Elegía en labios de la orfandad
III
Partiendo tristezas
me cavo olvido
hondo ataúd el del vivir muriendo.
La melancolía de un viernes mudo
es semejante a un cementerio en invierno:
sólo lápidas y cruces acariciadas por un viento helado.
TAMARA MELANIA DEMIRYI
Paraná, 1983. Obtuvo el 1er. Premio de poesía en la primera edición de “Nuevos Autores” organizado por la Editorial de Entre Ríos en el año 2005.
Una lírica que va de lo amoroso a la poesía de la poesía distingue la voz de Tamara Demiryi.
De Acróbata de mí – Tráfico de arte, Paraná, 2007:
XI
Tu nombre se esconde en algún lugar de la biblioteca
que no me es dado hallar
y desde esa empinada clandestinidad acecha.
Recién cuando la noche despeina con sus caninos
la seca fisonomía de los objetos,
las sílabas que te mencionan
se desprenden de los anaqueles
y sus cuerpos dentados
tejen disparates sobre mi infante cabellera.
XVI
La noche hila
un nido de estrellas
que fosforece
sobre mi desértico
cuerpo.
Soy un revólver
recién alimentado
y estoy a punto de mostrar
el rigor de la pólvora
añejada en mi lengua,
sobre la mímica absurda
de esta ronda de objetos,
aún sabiendo
que vendrá otra ráfaga
de fuego,
o quizás de viento
y colándose
por las hendiduras
de mis letras
las izará tan alto
en un remolino,
las transmutará
en tibias y peregrinas
partículas de polen
JULIÁN BEJARANO
Julián Bejarano. Nació en Capital Federal en 1983. Vive en Paraná desde los 5 años y trabaja en una Estación de Servicios. Es, por lo tanto, un poeta entrerriano. Publicó: A Eda, por su dulzura (Ediciones de la Intemperie, Paraná, 2008, La Prefabricada (Colección Chapita, 2008) y Humito (Ed. Ese otro que bien baila, Paraná, 2012). Tiene varios libros inéditos: La luz en las Hojas, La poesía de la fiesta y Morosos. Se considera discípulo de Daniel Durand.
Bejarano despliega una gran inventiva, trabaja con el paisaje, pero también con una planta o con los astros. Su “yo poético”, está distanciado de la subjetividad propia del “yo lírico”, aquí el yo es narrativo y sólo aparece para contar lo que pasa y lo que se ve.
De La Prefabricada:
ME AGRADARÍA MUCHO ENVEJECER AQUÍ
Estoy sentado en la puerta de mi casa
pienso que me agradaría mucho envejecer
aquí. Entre todos estos árboles verdosos.
Los pájaros se expanden dejando figuras
prolijas y angulares en el aire, que desaparecen
al instante en que las intento memorizar.
Las casas se acomodan en círculo, una al lado
de la otra, y no dejan más que un bosque
espacial en el medio.
La noche pasa a través de cuatro estados
y se ve cosmopolitamente la organización
barrial de las estrellas.
La planta interna que le regalé a mi novia para su cumpleaños
Con unas monedas que tenía ahorradas
de algún trabajo anterior,
salí a comprarte una planta interna
para que sea de compañía en tu pieza.
Ella no necesita demasiada luz
la podés poner cerca de la ventana
si es que esa es tu voluntad.
Quizás el nombre ayude para que se aferre
bien en su yo. Agua, toma como nosotros
un vasito a la mañana y otro a la noche.
Cuando la veas triste, con sus hojas caídas
un sol pequeño la pondrá de vuelta en orden.
Ya no somos niños ni queremos serlo
no tengamos hijos, pero por lo menos
que haya algo con vida entre nosotros.
El hombre y los astros
Acabo de mudarme a este monoambiente.
De espaldas a la cama tengo un ventanal
para espiar las mutaciones del cielo
y los movimientos pausados de las nubes
además de ver cubiertas de automóviles
que la gente abandona sobre los techos de sus viviendas.
Arriba del escritorio tengo desplegado el mapa estelar
correspondiente al mes de agosto
veo que Andrómeda está en dirección a Pegaso
hacia el extremo este
y que Piscis persigue a Acuario con velocidad
escapando de la traición y de la muerte.
Nos peleamos y después nos amamos
debajo de estas cobijas que ahora están desordenadas
hacia la punta de la cama.
Seguramente algo de todos estos fenómenos
que ocurren en el espacio
explican nuestras idas y venidas,
nuestros aciertos y fallidos,
las ganas de estar acompañados o totalmente solos.
MARIA ARANGUREN
María Aranguren es Licenciada en Psicología. Nació en Concordia en 1984, donde vivió hasta los 17 años. Actualmente vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su formación literaria la realizó en los talleres literarios de Santiago Llach, entre otros. Tiene tres poemarios inéditos y un blog, titulado "Ojo de pez".
Aranguren trabaja con elementos que funcionan como símbolos, en el caso del poema que elegí, el papel de arroz, que le sirve como disparador para entablar un diálogo con el “yo” lírico. También habla de la escritura en un poema que parece una clase de taller literario.
Del libro PATCHWORK (Inédito):
Papel de arroz
la impaciencia
que sacude al arroz
al cocerse, uno sobre otro
escribo mis nombres
en un grano, la tinta china
seca sobre el torso
indica el dominio
uno de tantos, será el elegido
el miserable colgante
encapsulando el germen
de renuncia, de ser no más
que un diafragma de venn
al borde del papel
reciclado, viene el aire
a mis poros, el agua que hierve
se escurre y, el almidón,
me viste de blanco,
estéril, yo y mi semilla
sobre el pecho, sepultamos las cruces.
Del libro EL BIP BIP BIP DEL SPUTNIK (Inédito):
Vocación de ciega
las cosas se sostienen en un renglón
dijiste
al menos eso aspiran
algunos de los que escriben
cerraste comillas
abriste los ojos
y miraste el vaivén de letras descompuestas
eso es todo por hoy
continuaste
te acordaste de cerrar
los ojos
de nuevo
por si alguien espiaba
y discretamente
marcaste un.
MANUEL PODESTÁ
Manuel Podestá, La Paz, 1984. Reside en Paraná. Publicó: Uruguayita (Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2009), Valiant (Ed. Ese otro que bien baila, Paraná, 2010), Superclásico (Ese otro que bien baila, Paraná, 2011) y El día perfecto de la tierra será el último de todos (Ed. Gigante, Paraná, 2012). Codirige la editorial independiente Gigante. Podestá utiliza un tono entre gracioso y narrativo, para hablar de sus afectos: el fútbol, los autos, el padre, el amor. En su poesía, lo autobiográfico está ligado a la cotidianeidad del “yo poético”. En esa cotidianeidad, las imágenes están al servicio de lo que se cuenta y la influencia de Durand es evidente.
Yo era el Enzo
Me acuerdo cuando me creía que era el Enzo.
En los partiditos del polideportivo
yo volaba por los aires como el uruguayo
y miraba al cielo, como él, gritando los goles.
Cómo él, paraba de pecho la pelota y observaba alrededor
procurando pasarla al jugador más cercano.
Aunque a veces, confieso,
buscaba el ángulo más lejano del arquero,
sólo pa que se revuelque.
Todos sabían que a mi me gustaba el Enzo.
Me acuerdo cuando me compré
la camiseta original de riverpleit.
A los partiditos del poli yo la llevaba
y más me parecía al Príncipe.
Veía sus goles por televisión
para ver cómo le hablaba a la pelota
y para escuchar qué les decía a todos con su cuerpo.
Festejaban los árbitros
cuando el Flaco metía tremendos goles
y gritaban ¡uruguayo, uruguayo! los hinchas de la banda.
Todas las noches, escuchando los relatos de Víctor Hugo,
me dormía con lágrimas soñando ser Francescoli.
El camino del río
Un poema escrito en los márgenes de un diario.
El pésimo tarareo de una melodía conocida.
Las vías y el tren de nuestras miradas
en una clase de la facultad.
La promesa de un viaje imposible.
Las lágrimas por un golpe bajo
en una peli.
El juego de cosquillas, nuestras risas.
Eso era el amor: el caminito del río,
el agua besando tus pies.
Valiant
El Valiant cobre estacionado frente a casa
es el mejor auto del mundo,
sólo porque a papá le rompía la cabeza.
La única vez que lo vio sonrió como un chico
y pidió que le saquemos una foto.
¡Una foto quería! Ni siquiera imaginaba
tener ese Valiant. Eso no era posible.
Ahora que terminó su campeonato,
me pregunto cómo podía alcanzar tanta gloria
únicamente con sus actos cotidianos.
CARLA OLIVERA
Poeta y bailarina, nacida en Gualeguaychú, en 1985, donde reside desde siempre y enseña Lengua y la Literatura. Ha participado y dictado diferentes talleres literarios desde 1998 hasta la fecha. Publicó en 2006 “Partición de voces” (poesía), Edit. De los cuatro vientos, Bs. As. Los poemas publicados son inéditos. Una lírica del yo atraviesa estos poemas con una intención celebratoria de la existencia; donde también la palabra “duele”, y el amor es un “hueco” imposible de llenar.
Porque habito y acecho
porque he de encontrar en los vértices de la noche
la desmesura y la tormenta,
llévenme los faunos,
llévenme las músicas, las danzas,
hagan de mí su presa,
beban del cuenco de mi sombra.
Llévenme a pastar en el lomo del verano
y a cantar melodías de fuego.
Llévenme.
Abran mi boca cerrada al canto.
Suelten las liebres sus crías hambrientas para que amamanten,
para hacer de este otoño una colmena,
un arroyo,
celebración o sendero.
*
La palabra tiene las manos abiertas:
la ofrenda llegará desde mi nombre.
La palabra muestra sus pies
y los lava con el agua que cae de mi boca.
El agua tiene un fondo que nadie conoce.
*
Y es entonces
que la esperanza nos habita:
un pájaro que canta sobre el ramaje de la tarde.
*
Mi palabra está dolida.
Quería decirte que duele.
La boca es
intemperie y desamparo.
Apalabrar como brujos
los llantos de los conejos.
*
No hemos visto
en lo que queda de la noche al lobo;
lo ha devorado la tierra
o tu vientre.
Desde el otro lado del cerco nos llega su silencio
como una promesa.
No somos sino un hueco
llenado a besos y a empujones.
PAMELA DE BATTISTA
Nació en 1985, en Gualeguaychú. Integró el grupo literario Vigilia, de la misma ciudad, coordinado por Susana Lizzi. Es profesora de Lengua y Literatura. Posee una paleta lírica apegada a la tradición de la poesía entrerriana, con la utilización de algunas metáforas modernistas.
CUADERNO PARA EL AGUA
I.
Y entendí
que el canto del pájaro
y la oración de los sauces llorándose en el río
son también el silencio.
II. Lluvia
Me basta este cielo preñado de agua pura
a punto de dar a luz al aguacero
a punto de dar a tierra.
III. Invierno
Respirar
el sur de pájaros que sostiene el invierno.
Frío que deshace la memoria del silencio junto al río,
la del rebaño tibio de la sombra.
Frío que levanta ángeles del agua.
IV. El río
Sin prisa
camina el rebaño del agua
pastando el cielo.
V. Anochecer
Los breves moradores del aire
tras la insistencia inagotable de la hora
aventarán contra el cielo
los colores de la muerte.
VI. Cielo abierto
Después.
El devenir de la lluvia es un pozo en el corazón
para que el corazón se limpie,
se llene de agua pura.
VII. Continente
La íntima celebración del cielo
ahora
cuando mi cuerpo se abre para recibir
los carnavales del aire puro.
Una preñez de hierba fuerte me atraviesa
me vuelve madre del viento
me sostiene.
Regocijo de poblarme con lunas las manos
bendición de compartir la sangre con la tierra
salvación de volver íntimos
todos los pájaros.
ARIEL DELGADO
Nació en Morón, Provincia de Buenos Aires en 1986. Vivió en Paraná toda su vida. Fue empleado público. A los 23 años publicó La pequeña verruga en Colección Chapita (Buenos Aires, 2009) y pegó varias veces sus poemas en los colectivos. El último clásico, fue su último libro publicado, por la Ed. Ese otro que bien baila, Paraná, 2010. Fue alumno del taller de Daniel Durand. Se suicidó en 2011.
Ariel Delgado, se apoya en las anécdotas cotidianas y en algunas figuras que sobrevuelan lo autorreferencial, como la de la abuela, sin duda, una gran influencia para el poeta.
En la cocina
Voy al comedor
y veo a mi abuela
que agarra con la mano derecha
el encendedor azul
y prende la hornalla de la cocina,
luego me mira y molesta me dice;
¿Qué mirás boludo?
No le digo nada,
ella no debe enterarse que es poesía.
MI EX NOVIA
Mi novia está acostada
en la cama,
Las sábanas le cubren
hasta las costillas,
el pelo le deja
la cara cortada
en mil rayas.
Está dormida
y estoy seguro que dejé
más que mi amor en sus labios.
Somos jóvenes
pero eso se pierde con el cuerpo,
estamos enamorados
pero eso se olvida con la costumbre,
sin embargo
todas las veces
que ha quedado dormida
entre las sábanas
….digo, no sé…..
hay cosas en este mundo
que nunca se extinguirán.
DAIANA HENDERSON
Daiana Henderson nació en 1988 en Paraná. Es estudiante de Comunicación Social en Rosario. A fines de 2011 publicó "Colectivo Maquinario" por Ediciones Diatriba, de Paraná; Verao (Editorial Neutrinos, La Paz, 2012), El gran dorado (Ed. Brillo de poesía joven, Paraná, 2012) y Un foquito en medio del campo (:e(m)r;, poesía-2013. Dirige el Fanzine Pegaláctico en Paraná. Fue alumna del taller de poesía de Daniel García Helder.
Henderson utiliza las imágenes como punto de partida, para construir poemas narrativos, de largo aliento, demorándose en la contemplación del río y de los pescadores, como en El gran dorado, acaso uno de los mejores poemas de la autora. También puede hablar de la felicidad desde el desencuentro amoroso, a partir de un viaje en bicicleta; un poema netamente objetivista.
El gran dorado
Desde la butaca de la barranca,
una excelente vista al río.
El sol exculpe su textura
con pequeñas espátulas,
una superficie de diamantes
triturados y esparcidos
sobre el raso o
sobre la nata.
Entre ellos, el brillante más hermoso,
el pescador,
aunque sus formas geométricas
se pierden por la distancia.
Él sabe pero no sabe
la velocidad en que lo veo
desplazarse en su quietud.
Las piernas separadas para mantener el equilibrio,
los pies trabados con la madera,
la postura para no cansarse
y que nos agarre la noche.
La fuerza de los brazos puesta en desterrar
un tesoro que pueda comer
o vender.
Desde acá se ve
como si se agarrara de una soga
clavada en el agua, un pasamanos,
avanzando con cada tirón en la corriente.
Me pregunto dónde estará atada
la otra punta,
¿en una piedra del Iguazú?,
¿en el sol?,
¿en la pata de un elefante en África?
Debería tener cuidado,
las piedras se desbarrancan
y los negros van a comérselo crudo
al diamante si aparece entre las aguas.
Mejor el sol.
El sol le sienta bien, capaz
que porque es un gran
dorado.
DICHA
Sigo encontrando cierta dicha
en ir en bicicleta hasta tu casa.
Remar no se trata de llegar a la isla,
es disfrutar el trayecto
-dijo Ricardo cuando nos enseñó.
Cada desplazamiento tiene su clave sensitiva.
Bajo los cambios para subir, después
apoyo el peso del cuerpo en los pedales
y me dejo caer en picada.
Se entretejen nudos en los pelos
cuando se ponen a flamear hacia atrás.
Las construcciones van perdiendo altura,
una estela de humo atraviesa el cielo
dibujada con la punta de una fábrica.
Aterrizo en la entrada
de tu casa, las cosas
andan bastante mal ahí adentro
o en cualquier otro reducto
que tengamos que compartir.
Puedo aceptar que ya no nos queremos como antes,
pero, si insisto, es porque la distancia
fabricada entre nosotros
es tan hermosa y delicada
como ningún otro trayecto
que conozca hasta ahora.
JOAQUÍN DÍAZ
Joaquín Díaz nació en Monte Caseros Corrientes en 1989, pero residió prácticamente toda su vida en Paraná. Todavía permanece inédito. Diaz continúa con el tono narrativo característico de sus amigos de Pegaláctico, inclusive cuando habla de la escritura como en este poema Domingo, con el que cierro mi antología.
Del libro SECUENCIAS:
Domingo.
Hay que escribir todos los días
incluso los domingos,
incluso cuando hay sol y ganas de salir.
Cuantos poemas de domingos
se escribieron desde el
primigenio día de domingo aquel,
donde le dedicaron una prosa o un verso,
porque no se puede escribir un poema
de domingo otro día que no sea ese día.
Hubo séptimos días nublados,
séptimos días despejados,
secos, húmedos, con hamacas sin hamacas
en el campo, en los suburbios
borrachos, drogados, en misa,
afuera del club y sobre todo
alegres y en bicicleta.
No puedo olvidar
los poemas de domingo en familia
comiendo ravioles en lo de alguna abuela
y que cuando esta se moría
se cortaba la celebración hasta que la nueva
la sucedía para encargarse
otra vez de la rutina de pastas con tuco
soda, paneras de mimbre
y escarbadienteros con formas de pescado.
¿ Y los domingos de pesca en el río?
Hay que escribir todos los días
qué lástima que hasta hoy,
nunca aprendí a andar en bicicleta.
(*) La expresión fue idea de José Villa y surge de un ensayo de Borges: “Evaristo Carriego” -de origen entrerriano-(Emece, 1972), donde el autor usa esos términos para referirse a la “entonación entrerriana del criollismo: “reúne lo decorativo y lo despiadado igual que los tigres. Es dulce: una dulzura bochornosa y mortal, una dulzura sin pudor”. Aunque Borges, en el mismo libro, usa la expresión exacta de “tigre y caramelo” para referirse al arroyo Maldonado, con una connotación completamente diferente.
El ensayo “Poesía Joven entrerriana”, inédito, fue publicado originariamente por la página web Poesía,com, en febrero del año 2013, página que dirigía el poeta José Villa; y que ya no existe en la red.
Autores de Concordia