Paró de llover,
el peso de la mariposa levanta su vuelo
y el pájaro entona su gracia.
Unos rostros contemplan y envejecen
en el temblor de sus manos,
en lo ido
lo pasajero olvida su tiempo
es la lluvia que vuelve a caer sobre un paraguas.
Llueve,
y el templo es silencio
y alguna sombra:
no hay abismo más grande
que la claridad de la tarde
allí donde la luminosidad se torna sombra,
un altar tus manos
que guardaron los pies estables del desierto a la lluvia
e intentaron dar solidez a lo pasajero
en el día de los dos.
Ilustración: Tatiana Areguatti Rivero
Autores de Concordia