
Tercer número de la Revista Pim, que dirige en Buenos Aires el poeta Alberto Cisnero. Septiembre 2026.
Por Marcelo Leites
TODAS LAS CASAS DE MI PUEBLO
Creo que es oportuno revisitar la obra de quien fuera un reconocido y celebrado autor argentino en su época, el poeta José Pedroni, santafesino, que había nacido en Gálvez, Provincia de Santa Fe en 1899 y murió en Esperanza Provincia de Santa Fe, en 1968. Este texto, al que seguirá una selección de sus poemas, se propone rescatarlo del “olvido” al que parece estar sumido, por otras lecturas más urgentes y, quizá, más efímeras. Sin embargo, también hay que considerar el peso que tuvieron las vanguardias en la segunda mitad del siglo XX y poetas como Pizarnik o Girondo; que estaban poco menos que en las antípodas de Pedroni; que privilegiaban la ironía, la ruptura formal, el absurdo y el lenguaje críptico; entonces “la academia” comenzó a leer con desdén la escritura transparente de Pedroni, etiquetándola erróneamente como “ingenua” o “meramente comunicativa”. Es verdad que la escritura de Pedroni tiene un estilo transparente, un sencillismo a la manera de Baldomero Fernández Moreno; pero es esa misma “simplicidad”, o, más bien, esa compleja simplicidad (sus poemas son fruto de una larga elaboración y reescrituras), lo que los vuelve actuales; lo que ahora invita a su relectura. Sin embargo, quizá esta situación (no sé si la del canon, que suele regirse siempre por los “arcanos mayores”) haya comenzado a cambiar: En 1999 se reeditó su Obra poética en la Universidad Nacional del Litoral con prólogo de Juan José Saer y en 2020, en plena pandemia, importantes escritores: Selva Almada, Sergio Delgado, Estela Figueroa, Osvaldo Aguirre, entre otros, leyeron su obra en un proyecto audiovisual generado por la misma Universidad, que tuvo amplia repercusión. Y en el año 2024, La Municipalidad de Santa Fe en conmemoración de los 125 años de su nacimiento realizó una publicación virtual con biografía, varios documentos y fotografías del autor y amigos y colegas, así como también reseñas de sus libros, datos bibliográficos y otros textos, pueden visitarlo en este link:
https://www.santafeciudad.gov.ar/capitalcultural/wp-content/uploads/2024/07/Pedroni_editorialdigital-1.pdf
Así que quizá este rescate sea solo un granito de arena más y Uds., los lectores, ya lo han incorporado a sus lecturas; pero si no es así y todavía no se han detenido en ninguno de sus versos, tal vez esta sea la oportunidad.
Volviendo a nuestro autor, es sabido que corregía una y otra vez sus poemas. Y otra característica de su estilo es el valor rítimico, tal es así que diversos intérpretes musicalizaron algunos de sus poemas. Lograr que un poema parezca "fácil" y brote con absoluta naturalidad requiere -según escribe Saer en el prólogo de la Obra Poética, ya mencionada-, un control magistral del ritmo y el metro. También destaca que la verdadera hazaña de Pedroni consistió en fundar una mitología (de la inmigración y el trabajo agrícola) para un territorio (La Pampa Gringa) que carecía de ella.
Una vez le preguntaron a Pedroni para quién escribía, si para todos o para sí mismo. Él contestó imperativo que el que escribe para todos no escribe para nadie, y el que escribe para sí ha elegido el peor interlocutor, ya que a la gente no le interesan las tribulaciones personales de un poeta. La poesía de Pedroni apunta, como a él le gustaba decir, “al corazón del hombre”. Quizás eso explique la vigencia de su obra.
Es un poeta que se inscribe dentro del movimiento modernista, heredero de Lugones; pero no de la manera ortodoxa o alambicada, sino utilizando una expresión lo más sencilla posible, fuera de todo ornamento, ese fue su gran hallazgo, poder lograr ver la belleza en las cosas cotidianas, poemas, donde el protagonista principal es el hombre, el obrero, la mujer amada, los hijos y la tierra; los primeros inmigrantes que trabajaron la tierra, el trabajo, la maternidad y la paternidad. El toque místico dentro de lo cotidiano. “Hermano luminoso” le dice Lugones en un ensayo publicado en el Diario La Nación, el 13 de junio de 1926, a propósito de su segundo libro “Gracia plena”, de 1925. Poesía popular, llana y diáfana; hay un gran sentimiento de lo fraterno sobre todo lo que el poeta mira, palpa, recuerda, invoca, reconoce. Se trata de una poesía celebratoria de la existencia humana. Como apunta Carlos Mastronardi en el prólogo de su “Obra poética”: “…en cuya obra coexisten la sobriedad y la gracia, la sencillez y la dulzura. En el autor de “El pan nuestro” no priva el color local ni asoma el voluntario designio de reivindicar una región o una aldea en beneficio de su Musa. Antes bien, mira su tierra de espontánea manera, sin ningún empeño sistemático. Hace suyos los colores, los ambientes y los hábitos singulares que encuentra a su paso, pero todo ello no es sino el eventual soporte de una actitud fervorosa y de un anhelo enderezado presentar con vívidos trazos cuanto invoca o expresa. Sabe mantenerse distante de la estampa coloreada, del socorrido toque pintoresco…”(J.P.Obra Poética,Tomo 1.Ediciones 80,1982). Por más que haya dejado de leerse o no se la lea con la frecuencia que se merece, la obra de Pedroni es atemporal, porque se mantuvo alejada de las vanguardias y fiel a sí misma y su lenguaje no ha envejecido, quizá por su hondo humanismo y por el equilibrio que logró entre lo local y lo universal. La crítica ha señalado las tres entonaciones de la poesía de Pedroni: lírica, social y bucólica.
El escritor y poeta Jorge Isaías en el prólogo de José Pedroni: "Palabras a mi padre y su digna herramienta y otros poemas" en :”Los Grandes Poetas -Centro Editor de América Latina,1989”; escribe:
Pedroni, como Baldomero Fernández Moreno, dedicó los últimos años de su vida a pulir y reordenar su obra. Una manera de enfrentar a toda conciencia el juicio de la posteridad.
Otras cosas los unían, además de una amistad personal: una actitud frente a la poesía que desdeñó los fastos de las vanguardias. Admiradores ambos del secular Lugones, su emparentamiento sencillista aunó un matiz dentro de la humildad de los medios y los temas y perfiló un sesgo de perennidad a sus páginas no muy común en la poesía argentina.
Hombre poco afecto a las actitudes rimbombantes, la iconoclasia o la megalomanía autorreferente, logró concitar sobre sus versos más adhesión que muchos que se preocuparon tanto sin conseguirlo. Pareciera que su tono menor tan poco afecto a los excesos hubiera milagrosamente conservado la fuerza de una escritura sin grandes pretensiones pero que apunta a preocupaciones siempre presentes en el hombre.
Al atravesar el denso tejido de su poesía, el lector tendrá la certeza de estar ante una de las pocas obras que en este país resisten las modas y la propia implacabilidad a que el tiempo somete.
En el arco vital que un hombre es obligado a transitar, que no es otro que el de su limitada y contingente experiencia, se supone que elegir es asunto muy serio. La voluntad de un canto exultante sobre la felicidad que espera a los hombres, esa voluntad arquetípica, ese gesto de cantor de la tribu, ese ademán que “engloba” el lado bueno del hombre sin concederse un vestigio de fisura comenzó con su libro “La gota de agua” y terminó con el último poema que escribió: “La bicicleta con alas”. Su estilo fue trabajar verso a verso a la manera del “miglior fabbro”, según Eliot homenajeó a Ezra Pound, lo cual contradice la idea de que su poesía fuera “espontánea”. Repasar esas letras que Pedroni fue acumulando a través de los años, que fue desparramando en su afán ejemplificador, adhiriendo siempre a las mejores causas del hombre, resaltando esa pasión por la honradez del trabajo y los mejores afanes, como por ejemplo: la extinción de toda violencia, la execración de la guerra, la creencia en un mundo armónico, feliz, con plena justicia (a lo mejor, sólo esa inquietud pueda ser afán de poetas, según uno contempla apenas y aun distraídamente los titulares de los diarios cada mañana), repasar esas letras, digo, resulta a veces necesario. Sin embargo, Pedroni fue fiel a ese pensar hasta el fin. Hay toda una actitud estética que conduce la ejemplaridad de su discurso poético, pero sin descuidar lo más importante en un poeta: la dignidad de una estética. Algo que nos mejore, pero sin avergonzarnos. Su afán le hizo estudiar a toda conciencia la historia de su “patria chica” adoptiva —Esperanza— y en esa dramaticidad cotidiana de los primeros inmigrantes llegados tras el proyecto alberdiano basó su temática, y fundó la poética de la inmigración o de la colonización pacífica de la tierra. El hierro que aquí se exalta no es el de la espada borgeana sino el del arado que trae la mies y el progreso. Algo que cambia con el tiempo no sólo la dignidad de la vida del hombre sino la propia vegetación y el mismo paisaje. El “desierto” de Echeverría que deviene en vergel merced al sudor y las exigencias nada fáciles de las rudas tareas y las amplias vigilias. A la manera del cronista extrae de la experiencia cotidiana lo mejor, o los hechos que a su entender deben diferenciarse—no le importa que éstos sean de insignificante experiencia— y darles para ello una real estatura poética. Hasta el utensilio doméstico o la herramienta que gracias a la creatividad del hombre y a su trabajo va transformando la sociedad encuentra su textura en la obra de Pedroni; están como ejemplos los poemas de “El nivel y su lagrima.”.
Pero de su canto están exonerados los violentos, los traidores y aquellos que cambian la tierra por una damajuana de vino…”
VIDA Y OBRA POÉTICA
(*) José Bartolomé Pedroni, escritor y poeta, nació en Gálvez, provincia de Santa Fe, el 21 de septiembre de 1899. Era hijo de Gaspar Pedroni y de Felisa Fantino, ambos inmigrantes piamonteses. El escritor creció disfrutando de la paz del campo y rodeado de los nobles instrumentos de trabajo. Pero la infancia de Pedroni fue también sufrida, ya que a la par de la escuela tuvo que trabajar con su padre como ayudante de albañil. Muchas de las imágenes que Pedroni fue registrando durante su niñez, serían la materia que luego utilizaría para construir sus versos.
En 1912 se radica en Rosario. Estudia en la Escuela Superior de Comercio y aprende inglés y francés. Por entonces comienza a publicar sus primeros trabajos en un diario de Gálvez. Los años mozos de Pedroni transcurren en una Rosario convulsionada por movimientos obreros socialistas y anarquistas. En 1912 se produce el Grito de Alcorta, la primera huelga agraria del país. Años después cae asesinado el abogado Francisco Netri. Ese clima de virulencia social también influyó en la formación del poeta.
En 1916, José Pedroni obtiene el título de Bachiller y comienza a trabajar como tenedor de libros, dos años más tarde y por razones laborales, se traslada a San Carlos Norte y luego a Sa Pereira. Allí comienza a conocer la historia de los primeros colonos, historia que reproducirá en sus versos.
Trabajando como contador en la Casa de Ramos Generales de Alejo Chautemps, José Pedroni conoce a la que sería su esposa y compañera fiel: Elena Chautemps, con quien contrajo enlace el 26 de marzo de 1920. Un año después, el 17 de marzo de 1921, nace su primer hijo, Omar Tulio. Ese mismo año, luego de recibir la baja como conscripto militar, Pedroni se traslada a Esperanza, donde se emplea en la Fábrica Nicolás Schneider, en la cual trabajó como contador durante 35 años.
En 1923 aparece su primer libro: La gota de agua. De género pastoril, bucólico. El debut fue impactante: Pedroni empezaba a mostrar una poesía distinta, por su sencillez y belleza, donde el protagonista principal es el hombre, el obrero, la mujer amada, los hijos y la tierra. Dos años después, en 1925, sale a la calle Gracia Plena. La llegada del segundo hijo, José María, hizo que Pedroni le regalara a la posteridad varios de sus poemas más hermosos y recordados. Fue un éxito literario
El 13 de junio de 1926 se produce un hecho que será fundamental para Pedroni: en una nota aparecida en el diario La Nación, Leopoldo Lugones exalta la obra del poeta santafesino, a quien bautiza como “el hermano luminoso”. En 1928 nace el tercer hijo de José Pedroni: Juan Carlos, y en 1930, llega al mundo la única hija del poeta: Ana María, radicada en Guatemala.
Los conceptos elogiosos de Lugones hacia el poeta, terminaron convirtiéndose en una pesada carga, a punto tal que debieron pasar diez años para que aparezca el libro sucesor de “Gracia Plena”: Poemas y palabras. En los años siguientes José Pedroni publica Diez mujeres (1937), El pan nuestro (1941), Nueve cantos (1944). Hasta que en 1956, luego de varios años de espera, aparece la que para muchos fue su obra cumbre: Monsieur Jaquín. Este libro es un homenaje a los primeros inmigrantes que trabajaron la tierra, especialmente a los fundadores de la Primera Colonia Agrícola Organizada del país: Esperanza. Apuntó el autor: “Mi libro llevará el nombre de Monsieur Joaquin, aquel primer poeta de Esperanza, de quien da noticias el Ferrocarril.”
En 1959, el escritor funda en Esperanza el Teatro de Títeres Pedro Pedrito, con la colaboración de otro gran artista: Ricardo Borla. En mayo de 1960 se publica Cantos del hombre. En ese trabajo, Pedroni recuerda a unas islas a las que Yupanqui llamaría después “la hermanita perdida”. En diciembre del mismo año aparece Canto a Cuba. Estos versos, en los que Pedroni refleja admiración por los cubanos que intentaban parir un mundo nuevo, hicieron que muchos intentaran encasillarlo ideológicamente. En 1961 le sigue La hoja voladora y luego en 1963, el que sería su último libro: El nivel y su lágrima.
Pedroni siguió escribiendo hasta sus últimos días. En ocasión de inaugurarse el Velódromo Municipal de Esperanza, se le pidió un poema alusivo. Así nace La bicicleta con alas. Fue su último poema. El 4 de febrero de 1968, José Pedroni voló hacia otros mundos en Mar del Plata, lejos de Esperanza, su tierra amada.
(*) Tomado del “Portal de la memoria gringa”:
https://www.fhuc.unl.edu.ar/portalgringo/crear/gringa/itinerario_biblioteca_escritores_pedroni_2.html
POEMAS
CUANDO ME VES ASÍ
Cuando me ves así, con estos ojos
que no quieren mirarte,
es que al oírte hablar pienso en la lluvia
sin dejar de escucharte.
porque tu voz, amiga, como el agua
rumorea el amor,
v pensando en la lluvia me parece
que te escucho mejor.
Cuando me ves así, con estos ojos
que te miran sin verte,
es que a través de ti miro mi sueño,
sin dejar de quererte.
Porque en tu suave transparencia tengo un
milagroso tul,
con el cual, para dicha de mis ojos,
todo lo veo azul.
(De: Gracia Plena, 1925)
SEXTA LUNA
El mismo día que lo supe todo
con esta Biblia regresé del pueblo,
y la empezamos a leer felices
a la rojiza claridad del fuego.
(Lía la grácil y Raquel la hermosa;
la paloma y el cuervo;
cautivos pálidos, guerreros hoscos
y faraones negros.
Abisag y David. Jepthé llorando.
El Jordán y el Mar Muerto.
La voz de Dios en las llanuras calvas,
y un pueblo y otro pueblo).
Y he aquí que al entrar, como una luna,
en su sexta figura tu misterio,
leo el último salmo del profeta
y te contemplo ante el primer proverbio.
Ah, tú que tienes la suprema dicha
de llevarlo en el cuerpo:
aprende la palabra de los santos
y háblale luego con el pensamiento.
Cuéntale siempre este remoto drama;
háblale a solas de este antiguo ejemplo,
y deja que la arena de las horas
caiga sin ruido en el reloj del tiempo.
Así, sin esperarlo, ante tus ojos
blancos de fe, se detendrá el momento;
y en el alma tendrás recién oída
la voz del Evangelio.
Después, rama quebrada, con alivio
descansará tu cuerpo,
y al lado de la rama, el fruto hermoso
caído a tierra por la ley del viento.
Y ante los dos, como Melchor el mago,
mi corazón venido del desierto.
(De: Lunario Santo, en La Gracia Plena,1925)
TÚ, EN LA FÁBRICA
Por la ventana abierta
ha entrado un pájaro,
y está aquí, entre máquinas,
un poquito asustado.
Por la ventana abierta
ha entrado un pájaro,
que otra cosa no eres
con tu vestido blanco.
La llama sigilosa
te sigue, por quemártelo.
Estrellas de los yunques
estallan a tu paso.
Ruedas de dientes negros
muerden tu olor a nardo.
Por la ventana abierta
ha entrado un pájaro.
Lo está diciendo el fuego
que se llenó de brazos,
y el hierro que se apura
a ponerse dorado,
y el humo que se va derecho al cielo
con tu vestido blanco.
¡Por la ventana abierta
vuelve mañana, pájaro!
(De: El Pan Nuestro (1941)
PUERTA
El hombre y la mujer frente a la buena tierra,
tierra de Santa Fe: la puerta de la tierra.
El hombre y la mujer que ya en la tierra entran;
la mujer con su miedo y el hombre con su fuerza.
El hombre y la mujer sobre la tierra nueva.
El hombre que en el puño la levanta y la alienta.
La mujer que en la mano del hombre la contempla;
la mujer que en la mano, como a una igual, la tienta.
Hombre y mujer mirándose para decirse: “¡Nuestra!’
El hombre y la mujer bajo las ramas negras.
El hombre desmontando para encontrar la tierra.
La voz de la paloma que al hombre desconcierta.
La voz de la calandria que a la mujer alegra.
El hombre con el hacha para encontrar la tierra.
La mujer con el agua para que el hombre beba.
El pie del hombre que ara señalado en la gleba.
El pie de la mujer sobre la blanda hierba.
Del pie del hombre el trigo, la liebre y la culebra.
Del pie de la mujer el pájaro que vuela...
Vuela cantando el pájaro del color de la tierra.
(De: “Monsieur Jaquín”, 1956)
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