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Esa soy yo:

una mujer gastada y melancólica

con la mirada

que arranca de una infancia razonable

y una cabeza peinada

como corresponde

a una señora de tantos años.

Procuro que las canas

tengan su orden natural

que tranquiliza a los que miran,

aunque yo casi estoy segura,

después de todo,

que moriré sin haber sentado cabeza.