Anotaciones sobre un cuerpo (libro completo)

INFANCIA

 

I

 

Mil novecientos cuarenta y dos.

Tu llanto rompió la mañana

y vino a llenar de flores y ruidos extraños la casa.

Con el nombre de Laura te bautizaron

bajo la señal de la Santa Cruz.

 

Iglesia católica:

                                 Vestidito rosa,

                                 zapatitos blancos,

                                 soquetitos de lana.

 

En el nombre del Padre,

                                 del Hijo 

                                 y del Espíritu Santo.

 

II

 

Palabras iniciales:

 

Una lengua muerta,

una boca que se abre y se cierra

como la de un pez fuera del agua:

                                             Pa- pa.

 

Unas manitos que se abren,

unas muñequitas hinchadas,

unas piernas chapoteando en el aire:

                                             Ma- ma.

                         

III

 

Laura.

Mil novecientos cuarenta y tres.

 

El vientre se hincha:

                                 sube,

                                 baja,

                                 se contrae

y es un eterno tobogán por el que desfilan media docena de hormigas coloradas.

 

         Dos dientes de leche.

         Nariz de plastilina.

         Veinte deditos crispados como galope de gusano.

         Pelos dorados cayendo con suspensión por encima de los hombros:

                                                                                              maraña de rulos,

         brasita de fuego encendida.

 

Levantáte de ahí,

                     amor mío,

                     luz de mis ojos,

que las hormiguitas te van a hacer  piiiupiiiu en toda la pancita.

Levantáte de ahí,

mi corazón.

 

IV

 

Dos ojos celestes te fueron regalados para mirar.

El mundo se abre como una flor frente a tu existencia.

¿A qué sabe ese árbol,

                     esa burbuja,

                     esa ciudad?

 

El suelo te llena de raspones las rodillas.

 

Mejor al pasto, Laurita.

Aunque las hormiguitas te hagan piiiu, piiiu.

 

Mamá está en la cocina

y papá dibujando en su mesa grandota.

 

Piiiu, piiiu.

 

Acá no se puede, bichito zumbador.

Salga al patio que papá está trabajando.

 

Ya aprenderás a caminar,

luz de mis ojos.

 

La palabra “paciencia” te abrirá las puertas.

 

V

 

Unos pies inseguros que avanzan como pisando algodones.

En la salida: mamá.

En la llegada: papá.

Y en el medio: el desafío de pisar las baldosas,

de aventurarse en un trayecto de veintidós pasitos hacia unos brazos

y dejarse caer, con la risa de los ángeles,

sobre una catarata de besos en el cuello.

 

Primer pensamiento:

 

“Como pincha esa barba;

pincha más que las hormiguitas coloradas del patio”.

 

VI

 

¿De qué color es nuestra casa?

Verde.

¿Y de qué color es el cielo?

Celeste como mis ojos.

 

VII

 

Laura.

Espacialidad.

Tu mundo es una casa de tres ambientes con acceso al universo que es el patio.

 

VIII

 

Laura.

Mil novecientos cuarenta y ocho.

 

Un guardapolvo blanco envuelve un cuerpo de un metro veinte de estatura.

Dos agujeros vinieron a ocupar el lugar de los dientes

dejando ver una lengua rosada que no para de hablar:

Yo ya tengo novio y se llama Lucas, tontita.

¿Sabés la canción del arroz con leche?

Yo sí.

¿Y sabés cuánto es dos más dos?

Yo sí.

¿Y sabés a cuánto queda la luna de la tierra?

Yo no…

pero mi papá lo sabe.

 

IX

 

Laura.

Mil novecientos cuarenta y nueve.

 

La vulnerabilidad te clava una lanza en los costados,

te hiere la carne,

te materializa imperfecta ante la mirada de los otros.

 

Piedra libre,

cachetes de marrana,

cabeza de virulana.

 

Papá y mamá te mintieron.

No sos perfecta fuera de tu casa.

 

X

 

Laura.

Dibujo de la familia.

Tarea escolar.

Monigotes coloridos sobre una hoja canson número 5.

 

Esta de acá es mamá,

esta soy yo

y este grandote grandote es papá.

 

XI

 

Segundo pensamiento:

 

Tendríamos que construir una escalera grandota para subir al cielo.

El abuelo se debe aburrir mucho allá arriba…

si pudiera bajar un ratito.

Dios es malo porque no deja bajar al abuelo un ratito.

Te odio Dios, malo.

Cuando vengan los reyes no les voy a dejar pastitos.

 

XII

 

      Tercer pensamiento:

     ¿Por dónde salen los bebés?

 

XIII

 

Laura.

Mil novecientos cincuenta y cuatro.

 

Una línea roja que baja manchándote la bombacha.

                           Sangre de la vida.

                                 Misterio.

 

Tres días de duelo te dan la bienvenida a la adolescencia.

 

Adiós niñez, te dejo en una cajita junto a mis dientes de leche.

 

 

                        ADOLESCENCIA

                      

                        I

 

Laura. 

Mil novecientos cincuenta y ocho.

Anoto:

 Pelo largo. Rubio. Olor a cereza.

Ojos azules con manchas verdes.

                          Oídos pequeños.

                          Nariz cartilaginosa.

                          Marca de varicela en la frente.

                          Encías rosadas. Dientes grandes, desparejos. 

                          Cuello delgado. 

Se ríe.

 

Veintitrés lunares públicos.

Dos lunares íntimos.

Senos pequeños, blancos.

Pezones rosados.

 

Lunares en el vientre: tres.

Lunares en la espalda: nueve.

Lunares en los senos: dos.

 

Vagina rosada. Vello púbico rubio, escaso.

Piernas largas.

Cicatriz en la rodilla izquierda.

Cicatriz en la rodilla derecha.

Cosquillas en el vientre, las axilas y el cuello.

Risa corta con leve escape de aire.

 

Laura vestida:

 

            Jeans azules.

            Diez pesos moneda nacional en el bolsillo derecho.

            Una caja de cigarrillos en el izquierdo.

            Zapatillas negras,  35.

                       Remera blanca, limpia, sin inscripciones.

 

 II

 

Laura desnuda al sol:

 

Marca de varicela en la frente adquiere profundidad.

                                    Pecas marrones bajo los ojos,

                                 boca reseca,

vellos rubios en los brazos,

fuego rojizo en la entrepierna.

 

Se abre: Humedad: Tibieza.

 

III

 

¿Quién es ese joven que te está apuntando

con una flecha al medio del corazón?

 

IV

 

Laura.

Mil novecientos cincuenta y nueve.

Los diecisiete vinieron como un enjambre de mariposas

y se te quedaron prendidos en el pelo.

 

¿De quién es esa boca?

Esta boca es mía, pero también es de Pablo.

 

V

 

Primer pensamiento irrelevante:

Quisiera poder volar y marcharme de aquí.

Segundo pensamiento irrelevante:

Debo buscar un rumbo.

 

VI

 

Laura. Habitación.

 

Paredes blancas.

Gigantografía de París. Londres.

                  Notre Dame, El sena.

 

                Tres discos de rock,

                dos discos de jazz,

                veinte discos inclasificables.

 

Tres pares de zapatillas.

Un par de zapatos negros.

Tres camperas de invierno,

dos bufandas de lana.

                quince remeras,

                dos vestidos,

                cinco jeans.

 

Una ventana que da a un patio:

una pared blanca con manchas de humedad.

 

Un gato sobre la cama,

un reloj despertador:

dos treinta y cinco de la tarde.

 

Olor a naftalina, a sahumerios y a cigarrillos.

 

  VII

 

 Laura. Jardín.

 

El sol quemándole la cara,

                            la panza

                            y las piernas.

 

Piel blanca.

Resplandeciente.

 

Un cigarrillo entre los dedos

                             (se consume).

 

Mira las nubes.

Quisiera ser una nube.

 

Se levanta, se sacude los pedacitos de pasto que le quedaron

prendidos en el pantalón,

en la espalda

y el pelo.

 

 VIII

 

Tercer pensamiento irrelevante:

Ya no hay mariposas en verano.

Cuarto pensamiento irrelevante:

Esto no es poesía.

 

IX

 

Laura.

Mil novecientos sesenta.

 

La Venus de Milo nos seduce desde las paredes de su cuarto.

Libros de Poe y de Baudelaire desparramados por el suelo:

caminabas en puntas de pie para no despertar a los fantasmas.

 

X

 

Laura.

Mil novecientos sesenta y tres.

 

La muerte le cayó como un rayo.

                            Caravana fúnebre.

Hilera de autos acompañan al féretro.

Adiós, papito;

que una flor amarilla te nazca en el medio del pecho.

 

 

 

                          ADULTEZ

 

I

 

Laura.

Mil novecientos sesenta y seis.

 

Tu habitación es el caos donde reina el orden.

Una cama de dos plazas escoltada por dos mesitas de luz,

         una cómoda antigua,

         un solo par de zapatillas,

         nueve pares de zapatos.

         siete vestidos.

 

Olor a perfumina, a naftalina y a muerte.

 

Más allá de esa ventana:

                                 el mundo.

Más acá de estas paredes:

                                 el encierro.

 

II

 

Laura.

 

Mil novecientos setenta y siete.

 

Adoración de la forma.

 

 

El círculo es el Dios.

 

 

Movimientos involuntarios.

 

Dentro de tu cuerpo:

los cuerpos.

 

Dentro de los cuerpos:

la vida.

 

III

 

Laura. Frente al espejo.

 

¿Qué queda de aquella muchacha

cuya risa provocaba huracanes?

 

Un vientre hinchado como un globo de aire que desgarra la carne.

Tres corazones golpeando dentro de un cuerpo:

                                             cuatro ojos,

         dos narices,

         dos bocas,

         cuatro piernas.

 

IV

 

¿Qué es este miedo que azota mi ser?

 

V

                    

Laura.

Mil novecientos sesenta y siete.

Dos pedazos de retoños se desprendieron de tus entrañas

llenándote la panza de grietas.

Los senos se te expandieron como dos bombas de agua

y dos aureolas marrones disparan la savia de la vida.

 

Este se llama Juan

y aquel Pablo, como mi gran amor.

Ellos corretean por toda la casa

y no temen despertar a los fantasmas.

 

Cuatro soldaditos de plástico te apuntan entre los libros de Poe.

 

VI

 

Laura. 

Mil novecientos ochenta y dos.

Anoto:

 Pelo corto. Seco. Oscuro.

                             Olor a manzana.

                             Ojos pálidos.

                             Oídos pequeños.

                             Nariz cartilaginosa.

                             Marca de varicela en la frente.

                             Encías rosadas.

                             Dientes grandes, amarillentos.

                             Cuello delgado. 

 

No se ríe.

 

35 lunares públicos.

5 lunares íntimos.

 

Senos medianos, blancos, pezones marrones.

 

Lunares en el vientre: seis.

Lunares en la espalda: doce.

Lunares en los senos: cuatro.

 

Vagina rosada. Vello púbico abultado.

Piernas largas. Piel reseca.

Cicatriz en la rodilla izquierda.

Cicatriz en la rodilla derecha.

Cicatriz en el bajo vientre.

Cosquillas en los pies.

Risa corta con leve escape de llanto.

 

Laura vestida:

 

         Pollera larga, floreada.

         Billetera con australes dentro de una cartera.

         Zapatos negros, con plataformas, 36.

         Remera blanca, limpia, sin inscripciones.

 

 VII

 

Laura desnuda sobre la cama:

                Vientre hinchado,

                 Caderas adornadas de estrías.

                 Pecas marrones bajo los ojos.

                 Una boca entre paréntesis.

                 Vellos rubios en los brazos.

                  Fuego pálido en la entrepierna.

 

Se abre: Humedad: Rareza.

 

 

Primer pensamiento relevante:

¿Qué fue de mi cuerpo?

 

VIII

 

Laura.

Mil novecientos noventa.

 

¿Son varices esas venas que se abren

como un río sin cauce por las planicies de tus piernas,

o es sangre joven que bulle por no soportar la descomposición del cuerpo?

 

Pregunta:

            ¿A cuánto hierve la sangre?

Respuesta:

             A treinta centímetros del espejo.

 

IX

 

El invierno llegó con sus heladas

para secarte los geranios del patio.

 

Hasta pronto, madre mía,

                     espejo mío:

que las hormiguitas coloradas te acaricien los pies.

 

 

VEJEZ

 

I

 

Laura.

Mil novecientos noventa y seis.

Dos nietos llegaron al mundo como la prolongación de la vida.

 

II

 

Unos pies que tropiezan con autitos de juguetes.

                                          Un vientre que se contrae,

un tórax que se infla,

unas cuerdas vocales que se dilatan,

y una carcajada que explota convirtiéndote la

cara en un mapa indescifrable.

 

Primera pregunta secundaria:

 

¿qué son esos caminitos que se abren en tu cara?

Arrugas, corazón.

 

III

 

Laura. Dos mil seis. Jardín.

 

Tres cuerpos tirados  sobre el pasto,

un brazo que se levanta,

una mano que se extiende,

una dedo que señala:

 

¿A qué se parece esa nube?

             A  un caballo.

 

¿Y esa otra?

            Un dragón.

 

¿Y esa?

             A un auto.

 

IV

 

Laura. Dos mil doce.

El tiempo te apoyó una mano en la espalda

llenándola de peso.

 

Un cuerpo encorvado que avanza arrastrando los pies:

                     un par de alpargatas,

                     un vestido ancho,

                     una cabeza blanca.

 

Dos manos cadavéricas que tantean la penumbra.

           Una boca apretada:

                                             una luz que se extingue.

 

V

 

Laura. Habitación.

Cuatro paredes rosadas encierran tus lamentos.

Una mesita de luz,

una cama ancha, fría.

Imágenes del Sagrado Corazón,

de San Cayetano

y de la Virgen María.

 

Olor a claveles, a nebulizaciones y a hospital.

 

VI

 

¿Quién le teme a los fantasmas?

Yo misma estoy a punto de atravesar las paredes,

de abandonar la materia,

de convertirme en aire.

VII

 

¿Cuál es el peso del alma?

Papá y mamá lo saben.

 

VIII

 

Laura.

Dos mil quince. Hospital.

¿Quién es esa gente que te mira con compasión?

¿Por qué se han reunido a contemplar la corrupción de tu cuerpo?

¿Acaso, no era ese cuerpo el que años atrás corría lleno de vida por el jardín?

Dentro de poco alguien construirá una escalera por vos.

 

IX

 

Dos hombres altos te escoltan.

La sala se ha colmado de brasitas de fuego.

Una enfermera pide silencio desde las paredes del cuarto.

Cinco y media de la tarde:

¿De qué color son mis ojos, Abu?

 

Celestes… como el cielo.

 

X

 

Laura. Dos mil quince.

Cuatro paredes de madera contienen su esqueleto.