CORREDORA

Hay un monstruo
en ese cuarto
está cerrado, sin embargo
se mueve, lo escucho gritar
arquearse entre los ángulos
de lo que supongo es oscuridad
detrás de esa puerta está
mi padre
no, mi padre no: su muerte,
o no, mejor: su existencia
ahuecada por el furor del fin
y es un monstruo
cuadrúpedo, descomunal.


Una tarde mi padre y yo
fuimos a lo que había sido
la casa de mi abuelo, en el pueblo.

 

Dejamos el auto cerca, caminamos
hasta que vimos
la construcción levantarse como
una ballena de ladrillos sobre la superficie verde
mi padre rodeó el lugar
tocó la pared del frente
movió una bisagra, se arrimó a la ventana
un ruido detuvo su inspección
—Algo se movió adentro, dijo, parece un animal
/ —y retrocedió—vamos.


Volvimos en silencio
ya en la ruta pensé
en el animal o la criatura
que desde adentro advertía
del peligro que es abrir
lo que las ruinas guardan bien
guardan porque sí
algo se movió, dijo, y no quiero ver
—Te asustaste, pá.


Hay un monstruo
en ese cuarto de mi casa,
y yo atravieso el pasillo
más rápido de lo que puedo

lo oigo, ese monstruo
tiene dolor lacerante
ya te sé, monstruo
o animal o criatura
te sé y no puedo
abrir la puerta,
si es que apenas me acerco
y me zumba el horror de los umbrales:
la muerte de mi padre
está en tus venas inmundas de monstruo
te sé pero sigo
sigo, uso el pasillo de corredor
pienso que entonces
esa es la palabra exacta
soy una corredora
algo se mueve adentro
y yo soy
cobarde y piadosa como él.