DIARIO FRANCÉS (1959-1960). VIVIR A TRAVÉS DE CRISTAL, POR MARIO DANIEL VILLAGRA

«Palabras llenas de fronteras: Arnaldo Calveyra y su Diario francés (1959-1960). Vivir a través de cristal »

 

Calveyra Arnaldo, Diario francés (1959-1960). Vivir a través de cristal, Adriana Hidalgo editora, 2017, 284 páginas.

 

1 En el libro se lee: “Palabras llenas de fronteras […] difícilmente encastran en la experiencia”1, y resultan pertinentes para comenzar, por dos motivos; uno, porque las de Calveyra están siempre entre la frontera del verso y la prosa, el drama y la comedia, el francés y el castellano; y, dos, porque Diario francés (1959 -1960) difícilmente encastre en la experiencia de los anteriores diarios escritos por el mismo autor2 o en la forma clásica de los diarios de bitácora. Por esta última razón el posesivo “su”, en el título de esta reseña, intenta remarcar la idea de que arribamos a un trabajo particularísimo del autor que vivió (o vive), como sus palabras, entre las fronteras. ¿Acaso es tal, en Calveyra, la estrechez del horizonte que separa al sujeto histórico del sujeto literario como para que tan solo una palabra pueda encerrar ambas cosas?

2 En principio, decir que estamos ante una obra póstuma es anecdótico. Lo importante es anunciar, por un lado, que es una obra sin falsos miramientos, dado que Calveyra confiesa en una especie de advertencia preliminar: “los papeles escritos de viaje comienzan a ser falsos una vez el viaje a terminado”; y por otro, que aunque el viaje para el sujeto histórico haya terminado (1929-2015), para el sujeto literario sigue adelante. Entonces, en ese trayecto, Diario Francés (1959-1960) se convierte en una obra esencial para intentar comprender dónde comienza y dónde termina su proyecto literario, aún a sabiendas de que, como ya lo dijo en Diario de Eleusis, “De ninguna parte la voz del hombre que se pone de viaje y se demora hablando unos momentos”3. Así nos desorienta, como si jugara a las escondidas con sus seguidores, para luego aparecer con una “Flecha rodeada de negro”, y señalarnos nuevamente la trama argumentativa que va construyendo. No se exagera si se afirma que, en este trabajo, escrito entre “Aquí y allá”, las líneas de las fronteras de las que nos habla Lejeune4, con Calveyra, se multiplican, pues hay que sumarle la frontera de los géneros.

3Lejeune asegura que los estudios de los diarios se podrían describir entre fronteras; a las fronteras de las lenguas, de los países, de la literatura, de la infancia, fronteras en las cuales, sin lugar a duda, Calveyra habita, hay que sumarles la frontera de los géneros, puesto que es el grado cero de su escritura: “Ya no soy más un escritor que escribe, o que ve, la historia de la literatura en términos de géneros”5, confesó en más de una oportunidad. Este trabajo lo corrobora.

4Es un diario, sí, en varias oportunidades cumple con el “calendario”, según la teoría del diario de Picard. Pero ¿por qué no considerar la posibilidad de que estamos ante una novela? “La novela poética tiene, pues, tanto derecho a la existencia como el teatro poético”6, nos dice Baquero Goyanes sobre los límites de la novela. Idea que viene reforzar la conjetura de que Calveyra juega con nosotros cuando buscamos definirlo: “…-Yo no bromeo, estoy hablando en serio, yo siempre hablo en serio, yo soy un niño”, y esa frase, aparecida en Diario francés, explicita esa faceta lúdica. Es decir, existen fechas tales como “La Plata, 1960”, al comienzo, o “1° de septiembre”, en el capítulo VII y final, pero también nos deja cartas, entrevistas, fragmentos de cuentos, de teatro, pensamientos políticos, charlas, proto-semblanzas, poemas, reflexiones sobre la literatura y un gran “FIN”, en mayúsculas, como si estuviésemos en presencia de una novela, donde el personaje es Calveyra en su frontera entre sujeto histórico y sujeto literario.

5Si se considera que la obra de Calveyra culmina con este libro-juego, donde el autor se concentra, escarba y se esconde para jugar con el lector, para desorientarnos en esa “escritura enrarecida”, como dice Pablo Gianera, se puede conjeturar que es porque en el Diario francés se encuentran huellas de sus anteriores obras y, en suma, de su proyecto literario. Por ejemplo, hay indicios de Cartas para que la alegría, su primer poemario, de cuyos textos ya Carlos Mastronardi decía que “no se franquean sino al lector que los completa o recompone con el socorro de su imaginación integradora”7. En aquellos “poemas en prosa” de Calveyra ya se advertía, también según su maestro, “la proyección de sus gustos y la naturaleza de sus estructuras verbales [que] lo sitúan en una frontera, en una región extrema donde puede perder el rumbo”. Pero ese “puede” no sucede; él vuelve a aparecer con “La flecha de barro” (otra, no es la que ya nombramos), y Calveyra nuevamente se hace presente “aquí y en otra parte”, entre “miradas, miradas, miradas”, que son las nuestras.

6De esa manera, la obra y el proyecto de Calveyra, en Diario francés, aparecen con lacónicos guiños. Para dar otro ejemplo, en “El golpe (tirón) del hilo”, nos remonta al cordel de “El globo que nos trajeron las visitas de Buenos Aires, ¡qué lástima que se fue!”, de aquella primera publicación a la que hicimos mención en el párrafo anterior. De hecho, hay una alusión directa: “A propósito de Cartas para que la alegría: un solo ejemplo de que a mí no me importa la belleza sino el trazo […] La palabra poética se forma con el objeto. Cuando se trata de prosa se forma en torno al objeto”, y allí se vislumbra el proyecto estético-literario de Calveyra. De igual modo, podemos ver ese proyecto en frases como: “a mí no me interesa una carrera literaria, me interesa un desarrollo del ser”, por ejemplo, o como esta otra: “ningún signo se repite en un caldo si está bien hecho. Por lo tanto, ninguna equivalencia con palabras; es lenguaje de movimientos hacia” (para dar otro ejemplo de cómo llegar a Calveyra por Calveyra mismo).

7Para dar otros indicios que nos conectan con su obra: acaso cuando dice “País de escasa realidad; esa impresión de estar a leguas del tema que me produce una discusión entre compatriotas”, estamos ante una idea que resuena similar a cualquiera de las que Calveyra expresa en Si la Argentina fuera una novela8. Para abonar esta hipótesis de lectura, daré dos ejemplos más: “Argentina, país de los grandes olvidados y de los grandes olvidadizos… ¿pero quiénes?, no lo sé, también yo lo he olvidado”; “París es la ciudad donde puede escribirse (o reescribirse) el poema nacional de cada país”, lo cual se asemeja al subtítulo, “novela nacional”, de la obra mencionada antes. Entre novela y poema, ya sabemos lo que Calveyra piensa.

8En consecuencia, si hablamos de géneros, tenemos distintas anotaciones que dan cuenta de la variedad de registros, como por ejemplo: “Un cuento: Juan se esforzaba por recordar la poesía ante la maestra. Toda la clase esperaba”. Asimismo, la literatura epistolar aparece con “Carta a Silvina Ocampo”, la cual dice: “Desde que el mundo es mundo, para una porción de desvelados está llegando la época de la ronda, la parte del hombre que abre los mil brazos para encontrar los otros dos; los que danzaban, ante el solo de su voz se callan y se acercan”; hay decenas de cartas o fragmentos como estos, como también los hay en “Diario de diario”, donde se confirma que estamos ante una obra donde Calveyra es autor y personaje: “Protagonistas: 1) mi yo de los unos; 2) mi yo de los otros (no siempre anulado por el número, o mucho menos de lo que él cree); 3) mi yo de nadie (es el más numeroso); 4) mi yo de mí mismo (no es el que mejor conozco, pero es el único que depende un poco de mí, hay una cierta parte de él que no controlo); 5) mi yo de todo el mundo: de unos y de otros”, y así podría seguir, pero pasemos a otro género. “Escena de teatro: No puedo ser, por mejor preparado que esté, hermano de quienes ni siquiera intuyo”. Inclusive, encontramos el registro de una entrevista: “Reportaje por la Radio-Televisión Francesa para oyentes de América Latina. Preguntas de María del Huerto Barletta”, o entre lenguas: “Tout mettre en cause: aún con una palabra”, y esa palabra puede ser Calveyra.

9Asimismo, en su Diario francés, donde se encuentra ese “Diario de Diario” del Calveyra de treinta y ochenta años, también encontramos proyectos de otro tipo, no solamente el estético-literario, sino también el ideológico-político y el educativo. Así, leemos: “creo que la revolución de los cubanos es el camino de todos nosotros para limpiar la historia”, o, en torno a la educación, “la escuela debe ser el pulmón de la colectividad […] Una escuela para vivir y no para salir de la vida”, y al leerlo, es imposible desligarlo con su infancia, junto a su madre que era maestra en casa escuela, donde los alumnos se mezclaban con sus hermanos.

10Entonces, en Diario francés, (1959-1960). Vivir a través de cristal, el lector podrá apreciar cabalmente “el desarrollo del ser”, pues la obra condensa el tiempo: comienza a escribirlo a sus treinta años y lo finaliza en sus ochenta. Es decir, condensa una trayectoria de vida, y en ella va su opinión fronteriza, entre edades, lenguas, géneros y países, sobre otras variaciones, con una sola ambición, su “mayor ambición”: “ser capaz de explicarle a alguien de mis pagos que hay un lugar que se llama París, construido con todo el mundo, a la medida del mundo; y que a él, hombre o mujer de Mansilla, esa ciudad le atañe mucho más que a un becario prepotente”. De manera tal que Calveyra siguió publicando, y este intento de reseña de esa pieza, que bien puede ser la faltante en un rompecabezas, es una invitación a buscar en sus letras, su voz. Tenemos la oportunidad, gracias a la edición de Adriana Hidalgo, de que este archivo, revisado por Calveyra y guardado en sobrecito de papel con bandita elástica antes de ser entregado al cuidado de Pablo Gianera, sea finalmente hoy un libro de 284 páginas divididas en siete capítulos, con una mirada “caleidoscópica”; palabra que aparece en varias partes, como un oráculo para andar por este último Calveyra.

Notas

1 De aquí en adelante, todas las citas son del libro reseñado, salvo que se indique, debidamente, otra fuente.

2 Diario del Fumigador de Guardia, Diario de Eleusis, Diario del Recluta.

3 Arnaldo Calveyra, Poesía completa, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2012, p. 410.

4 Philippe Lejeune, Signes de vie : Le Pacte autobiographique 2, París, Seuil, 2005.

5 Entrevista a Arnaldo Calveyra, France 2, París, 10 de diciembre de 1992: https://www.ina.fr/video/I14070286/arnaldo-calveyra-video.html; consultado el 1 de marzo de 2019.

6 Mariano Baquero Goyanes, ¿Qué es la novela? ¿Qué es el cuento?, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, Murcia, 1998, p. 56.

7 Carlos Mastronardi, Obra Completa, Tomo II, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 2010, p. 391.

8 Arnaldo Calveyra, Si la Argentina fuera una novela, Buenos Aires, Simurg, 2000.

 

Tomado de:

Mario Daniel Villagra, « Palabras llenas de fronteras: Arnaldo Calveyra y su Diario francés (1959-1960). Vivir a través de cristal », Cuadernos LIRICO [En línea], 20 | 2019, Publicado el 13 julio 2019, URL : http://journals.openedition.org/lirico/8863 ; DOI : 10.4000/lirico.8863

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Autor

Mario Daniel Villagra

Université Paris 3 – Sorbonne Nouvelle

mario-daniel.villagra@sorbonne-nouvelle.fr