ALFREDO VEIRAVÉ

por MARCELO LEITES

Nació en un pueblo de Entre Ríos llamado Gualeguay, pueblo que supo ser cuna de algunos de los escritores más representativos de la literatura de la provincia (Mastronardi, Ortiz, Barrandeguy, Manauta). Ahora lo encuentro dentro de una página web de literatura chaqueña y para nosotros Don Alfredo (como le decían afectuosamente) es tan entrerriano como el mate. Había nacido en 1928, y en 1957 se radicó en Resistencia (Chaco), donde falleció en 1991. Es decir que vivió 29 años en nuestra Provincia y 34 años en Chaco. No tiene mucho sentido atribuírselo a una o a otra provincia, como si fuera un trofeo, cosa que a él le hubiera hecho mucha gracia estoy seguro. Si consideramos “Inmigrante en el Chaco”, incluido en su último libro de poemas, parece sentirse heredero de las lenguas de origen. Leo: “Mi vida fue en realidad la de dos mundos/ de uno me quedó otro idioma…/de éste, el que hablan mis hijos y mis nietos/palabras del guaraní, del quechua, del argentino”. Sin embargo, Veiravé fue mucho más allá de los límites de las Provincias. Fue uno de los primeros poetas argentinos que aportaron a la construcción del imaginario “latinoamericano”, que además de los autores propios del boom, incluía a poetas, aunque estos fueran (como sucede siempre) mucho menos visibles que los narradores. Otros compañeros de ruta cuyas obras circularon mucho en la década de 1970, fueron el nicaragüense Ernesto Cardenal, el chileno Enrique Lihn, el cubano Heberto Padilla, el mexicano José Emilio Pacheco y el salvadoreño Dalton, algunos de ellos con una concepción militante de la poesía, entendida como "un arma cargada de futuro", según el célebre poema del español Gabriel Celaya, cuyo título es en realidad un paradigma de la generación anterior, que en la Argentina se conoció como la "poesía social del 60': pretendía unir vida y literatura; la época postulaba como programa ineludible el compromiso del escritor con la sociedad de su tiempo, cuyos máximos exponentes fueron los poetas Juana Bignozzi y Juan Gelman. Pero con una comprensión cada vez mayor, los poetas advierten que el único compromiso válido para un escritor es el lenguaje. De alguna manera había empezado a cuestionarse la idea de la “alta” literatura, y los poetas iban incorporando un concepto de belleza más amplio que el de las generaciones anteriores. La literatura podía estar también en la vida cotidiana y surge entonces lo que luego se conoció como poesía coloquial. Uno de los fundadores de este movimiento fue el chileno Nicanor Parra. Una poesía que reproduce y recrea la lengua oral, aparece el prosaísmo, la incorporación del habla común dentro del poema, la revalorización de la imagen como piedra de toque del poema, la tradición modernista de la poesía en lengua inglesa y los movimientos latinoamericanos de vanguardia y el abandono de la retórica española y francesa.

Es interesante leer lo que escribe Esteban Moore, sobre nuestro autor: 

En 1968 asistió al Iowa International Writing Program, Universidad de Iowa, Iowa EEUU). Esta experiencia, según el propio Veiravé, fue fundamental para su propia escritura, pues en aquel ámbito  tomó contacto con otros poetas y poéticas; con una  nueva sensibilidad y concepción de la belleza que se estaba expandiendo en el mundo. Desde entonces dedicó sus esfuerzos, sin renegar de la emoción,  a combatir el espíritu provinciano de la poesía argentina y a diluir la retórica de origen español. Actitud que lo transformó en uno de los grandes renovadores de la poesía argentina.

La palabra poética se cargó de otros saberes provenientes de disciplinas artísticas diversas: del cine, de la filosofía, de la proliferación del psicoanálisis (especialmente en nuestro país), etc. Ese es más o menos el contexto en el que se desarrolla la poesía de Veiravé. Desde el punto de vista de la lírica de la Provincia de Entre Ríos, Alfredo Veiravé representa un quiebre. Es “el” poeta de la generación del 70’, único e irrepetible, por varias razones. En primer lugar porque, como ya lo señalara en un ensayo sobre poesía entrerriana (Ver), reacciona contra la generación del 40’ e incorpora un registro que incluye la prosa poética, la ironía, el ensayo dentro del poema y una articulación que escapa a la métrica estándar de la tradición poética de la provincia. Veiravé fue el primero que mostró la vía para escribir una poesía con el oído abierto a todas las lenguas del mundo, aunque luego ese mundo pudiera caber en las ramificaciones de una planta del jardín del patio, aunque luego esa música no pueda ser sino el canto cadencioso de las cuchillas, amplificado por esa diversidad. Sus textos están informados desde la biología, el cine y el trabajo de plásticos como Calder, aparte de tener el aliento propio de los poetas latinoamericanos, donde la experiencia personal es un contrapunto de la realidad social, política y cultural. Es una poesía que a partir de “Puntos Luminosos” inaugura una voz única dentro de la Argentina. Una poesía que ya no se plantea cambiar el mundo; le basta con el apego a las pequeñas cosas, a las hormigas, a la lluvia y al filodendro, uno de los símbolos más entrañables dentro de ese jardín de la memoria, al que el yo poético vuelve una y otra vez, con la emotividad propia del que se diluye en la materia observada, como el que junta gradualmente elementos dispersos y los reúne en un posible orden imaginario. La poesía de Veiravé es polisémica a partir del pastiche o de la yuxtaposición de imágenes, de seres, de objetos, de paisajes, de ideas, de citas culturales, de tiempos históricos y espacios diferentes. Una poesía que se hace cargo del cuerpo y de lo erótico, que exalta las virtudes femeninas como un amante platónico: frente a los encantos de la mujer, el poema se rinde. Poesía que no reniega de la tradición ni de maestros como Juan Ortiz de quien fue discípulo y amigo, como prueban un poema y un excelente estudio que le dedicó al gran recreador de la naturaleza entrerriana. A partir de Puntos Luminosos Veiravé ya tiene una voz propia. Una voz que se fue alejando cada vez más de la mística orticiana, para celebrar el placer de los sentidos primarios y dejar un testimonio de su paso intenso por el mundo. El filodendro del jardín de Veiravé creció, siguió creciendo y ahora ya es una planta que nos contiene a todos. 


  Curriculum: Poeta, ensayista y crítico literario, especialista en escritores latinoamericanos. Ejerció la docencia en varias cátedras de la Universidad Nacional del Nordeste. Dictó numerosos cursos dentro y fuera de la provincia y en el extranjero. Obtuvo los siguiente premios: Faja de Honor de la SADE (1955). Premio Leopoldo Lugones de la SADE y el Fondo Nacional de las Artes (1960 y 1963). En 1982 recibió el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía. La Academia Argentina de Letras lo designó Académico de número, con residencia en el Chaco. Como docente fue autor de los libros destinados a la escuela media Literatura Hispanoamericana y argentina, y Lengua y Literatura. Sus poemas fueron traducidos al inglés y al portugués. 

  Libros publicados: El alba, el río y tu presencia (1951); Después del alba, el ángel (1955); El ángel y las redes (1960), Destrucciones y un jardín de la memoria (1965); Puntos luminosos (1970); El imperio milenario (1973); La máquina del tiempo (1976); Historia natural (1980); Radar en la tormenta (1985); Laboratorio central (1990).


 

Alfredo Veiravé: el rescate de un poeta olvidado, por Mempo Giardinelli para La Nación.

Bilbioteca Popular Alfredo Veiravé

TEXTOS

Puntos Luminosos
Editorial Fogón de los Arrieros, Resistencia, Chaco - 1970

El Imperio Milenario
Editorial Sudamericana - 1973

La Máquina del Mundo
Editorial Sudamericana - 1976
 
 
II. La máquina como instrumento de movimientos errátiles
 
III. Versiones: transparencias
 
IV. Variedades

De: Historia natural y moral del gran chaco  y de otros reynos/ que trata de  las cosas del cielo y de la tierra/animales/ plantas/ móviles/costumbres/ museos/ máquinas/ y otros objetos imaginarios (Ed. Sudamericana. 1980) 

Libro I

Libro II

Libro III

Libro IV


De: Radar en la tormenta

(Ed. Sudamericana. 1985)

Libro I: el poema aterriza en la pista

Libro II: A ciegas, entre relámpagos

Libro III: Pasajeros aliviados de la muerte: las palabras

Libro IV: Radar en la tormenta


De: laboratorio central (ed. Sudamericana. 1991)

Libro I: El mudo o la invasión de los persas

Libro II: Cartas y poemas

Libro III: Variedades

Libro IV: Laboratorio central

Libro V: Panorámicas

TRES FORMAS DE MIRAR UN MIRLO



PARA LEER ON-LINE

(En Biblioteca Provincial de Entre Ríos)